Soledad

Se trata del estado de quien está solo, de quien vive solo o casi solo.

Casi todo el mundo tiene una idea de cómo es sentirse solo. A lo largo de nuestras vidas hemos sufrido la soledad en un momento u otro, quizás cuando hemos tenido que vivir lejos de nuestras familias por estudios, por motivos laborales, etc. Es un sentimiento que forma parte de la existencia humana, pero que si se cronifica puede tener repercusiones graves sobre la salud de las personas.

Desde la prehistoria, los seres humanos han vivido en grupo y eso nos ha ayudado a sobrevivir, a reproducirnos, a cuidarnos los unos a los otros. Es decir, que formamos parte de una especie social. Por eso, la soledad, sobre todo en períodos largos, puede generar cambios físicos y mentales que repercutan en la salud.

Pero esta soledad puede ser deseada o no deseada.

Soledad voluntaria o deseada

Cuando una persona elige estar sola y esta elección la realiza libremente, sin que su voluntad sea coartada, se trata de una soledad voluntaria o deseada. Pero, ¿qué puede llevar a una persona a querer estar sola? Pueden existir muchas opciones. Aunque tal vez habría que diferenciar entre una persona que quiere estar sola durante un tiempo y una persona que quiere vivir en soledad.

Soledad deseada temporal. Una persona puede querer estar sola durante un tiempo por múltiples razones. Puede que no se sienta bien, puede estar estresada, tal vez quiere poner en orden sus pensamientos, puede que, simplemente, sienta la necesidad de estar un rato sola.

Soledad deseada no temporal. Existen personas que deciden, de manera libre, estar solas, no formar parte de la sociedad, vivir al margen de esta. Son personas que deciden ir a vivir a lugares remotos donde el contacto con otros seres humanos es escaso o nulo. Allí viven de lo que les proporciona la naturaleza (caza, animales, cultivos…). Estas personas pueden vivir solas y no sentir soledad no deseada, ya que pueden preferir estar solas y elegir la soledad como su proyecto de vida.

Soledad involuntaria o no deseada

Es un sentimiento subjetivo y no deseado de falta o de pérdida de compañía. Sucede cuando se produce un desajuste o desequilibrio entre la cantidad y la calidad de las relaciones sociales que tenemos y las que queremos. Al tratarse de un sentimiento subjetivo, también se conoce como soledad emocional.

La soledad no deseada es entendida, desde una perspectiva más psicológica y cognitiva, como un sentimiento subjetivo de discrepancia entre las relaciones sociales que tiene la persona y las que le gustaría tener.

No es el resultado directo de la ausencia de relaciones, sino la consecuencia de los sentimientos de insatisfacción con las relaciones sociales existentes o la ausencia de estas.

Esta es la peor clase de soledad. Se trata de una circunstancia social que, desafortunadamente, se convierte en un problema que cada día afecta a más personas. Además del coste personal, también conlleva un alto coste social y sanitario. Por lo tanto, debería ser una prioridad social y se deberían dedicar recursos públicos.

Existen estudios científicos que muestran que la soledad está relacionada con un estado de salud peor y que esta relación varía según la edad. Se observó que el impacto de la soledad en la salud era más fuerte en personas jóvenes. La explicación puede ser que la soledad en edades tempranas es menos esperada y las personas jóvenes están menos preparadas para afrontarla. En cambio, las personas adultas tienen más probabilidades de sufrir soledad, ya sea por la viudez, la jubilación, la pérdida gradual del entorno social… y están más preparadas.

La soledad no deseada es prevalente entre la gente mayor, agravada por factores demográficos como el envejecimiento de la población y la feminización de la longevidad.

Hay personas que pueden vivir acompañadas, como algunas personas mayores institucionalizadas en residencias, pero padecen soledad no deseada. Por lo tanto, es un sentimiento subjetivo, no deseado e independiente de la compañía. Así pues, la percepción de soledad no deseada depende de la calidad subjetiva e intrínseca de las relaciones de cada uno.

Prevalencia de la soledad no deseada en personas mayores

La soledad no deseada es un problema cada vez más frecuente, hasta el punto de que se habla de ella como de la epidemia silenciosa del siglo XXI.

Hay muchos factores que hacen que aumente cada vez más:

  • El envejecimiento progresivo de la población a causa del aumento de la esperanza de vida.
  • La pérdida de seres queridos.
  • El descenso de la natalidad. Un menor número de hijos provoca una disminución del número de personas que pueden cuidar a sus padres en caso de estar solos.
  • El aumento del número de hogares unipersonales, por los cambios en los modelos de familia.
  • La dispersión geográfica, que distancia cada vez más a las familias.

Problemas de salud

Entre los problemas de salud más frecuentes que pueden darse a partir de la soledad no deseada, destacan los siguientes:

  • Alteraciones en la calidad del sueño.
  • Inmunidad disminuida.
  • Problemas cardiovasculares.
  • Depresión.
  • Síndrome metabólico.
  • Disminución del control de impulsos.
  • Alcoholismo.
  • Deterioro cognitivo.

Factores protectores y factores de riesgo para la soledad

Entre los factores que nos pueden proteger ante la soledad, hay los siguientes:

  • Tener pareja.
  • Vivir en compañía.
  • Tener un nivel educativo alto.
  • Tener un nivel socioeconómico medio-alto.
  • Tener una red social satisfactoria que proporcione apoyo social.

En cambio, entre los factores de riesgo ante la soledad destacan los siguientes:

  • La discapacidad.
  • La insatisfacción con las circunstancias de vida.
  • El exceso de trabajo crónico.
  • El estrés social.
  • No lograr sobreponerse a eventos vitales como conflictos familiares o maritales, divorcio, viudez, enfermedades crónicas o problemas mentales (depresión, ansiedad, demencia, etc.).
  • Poca participación social.
  • Relaciones sociales poco satisfactorias.

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«Un libro abierto es un cerebro que habla; uno cerrado, un amigo que espera; uno olvidado, un alma que perdona; uno destruido, un corazón que llora”.

Proverbio hindú.

Tristeza

La tristeza es una emoción primaria, útil y necesaria, que llevamos en nuestro equipaje vital.

Es una emoción natural y común, caracterizada por un sentimiento de pena o desilusión frente a situaciones adversas, pérdidas o decepciones, y se manifiesta en síntomas físicos como el llanto o la fatiga.

Aunque puede ser dolorosa, también es una emoción útil que ayuda a procesar el duelo, a empatizar con los demás y a fomentar la introspección y el crecimiento personal.

En algunas culturas, como la occidental actual, se considera negativa y vergonzosa, mientras que en la mayoría es, como el resto de emociones, positiva.

Características de la tristeza

  • Sensación de pena. Un sentimiento de disgusto y dolor.
  • Manifestaciones físicas. Puede incluir llanto, fatiga, problemas de sueño o apetito.
  • Cambios emocionales. Puede causar apatía, desánimo, aislamiento social o una sensación de vacío.
  • Causas comunes. Pérdidas, desilusiones, fracasos o falta de apoyo.

Funciones de la tristeza

  • Procesar pérdidas. Ayuda a superar y sanar el dolor causado por una pérdida o situación difícil.
  • Promover la empatía. Al experimentar y expresar tristeza, se puede recibir apoyo de los demás y fomentar la conexión humana.
  • Impulsar la introspección. Permite reflexionar sobre las experiencias para adquirir una comprensión más grande de uno mismo.

Manifestaciones de la tristeza

La tristeza se puede manifestar de múltiples formas y en diferentes niveles e intensidades.

Manifestaciones físicas

Las manifestaciones físicas más habituales son las siguientes:

  • Llanto.
  • Modificaciones en las facciones faciales (la pupila del ojo se empequeñece, los músculos de la cara se contraen y los labios pueden cerrarse).
  • Falta de apetito.
  • Problemas de sueño.
  • Dolor de cabeza.
  • Palpitaciones.
  • Sensación de cansancio.
  • Sensación de nudo en la garganta.
  • El habla también se ve afectada, ya que se ralentiza, y si la tristeza es muy fuerte puede temblar la voz.
  • Opresión.
  • Pesadez en los hombros.
  • Sensación de vacío.
  • Dolor.

Manifestaciones mentales

Algunas manifestaciones mentales son las siguientes:

  • Focalización de la atención en la situación problemática.
  • Dificultad para mantener la mente en blanco.
  • Problemas de concentración.
  • Pensamientos intrusivos sobre la situación.

Manifestaciones en el ámbito conductual

Por ejemplo:

  • La persona se puede encontrar desmotivada y sin ganas de hacer las tareas cotidianas o actividades sociales.
  • Se suelen restringir las actividades físicas, haciendo muy poco o nada.

Manifestaciones a escala cognitiva

Pueden ser las siguientes:

  • Se acostumbra a producir una falta de interés y de motivación por actividades que antes eran satisfactorias.
  • También se entrevé la realidad desde un ángulo negativo; solo se aprecia la parte mala de las situaciones.

Cómo enfrentarnos a la tristeza

Para poderla gestionar es fundamental identificar su presencia, ser conscientes de su existencia.

Al contrario de lo que parece que nos dicta la sociedad sobre el control emocional, la tristeza no debe ser vista como un signo de debilidad. Nos debemos permitir estar tristes.

Si se trata de una situación sobre la cual podemos actuar, nos debemos orientar a la acción para eliminar la situación que nos genera la tristeza. Por ejemplo, si estás triste por una discusión, puedes intentar hablar con la persona y resolver el malentendido. O si se trata de la muerte de un ser querido, se puede buscar consuelo en personas que te sepan escuchar y comprenderte.

Hay que intentar mantener las actividades diarias, en la medida de lo posible.

Puedes practicar ejercicios de relajación, para evitar “dar vueltas a la cabeza”.

Clases de tristeza

Las principales clases de tristeza son las siguientes:

1. Tristeza adaptativa o funcional

Tiene lugar de forma justificada.

Surge como respuesta a un evento interno o externo, es decir, a una situación que lo ha desencadenado.

El ejemplo más típico es el de la tristeza que se siente en un momento de duelo por la muerte de un ser querido.

Se trata de una tristeza sana y se caracteriza por el hecho de que suele tener una duración determinada y con el tiempo o la acción irá disminuyendo e incluso puede desaparecer.

2. Tristeza desadaptativa

En principio, la tristeza es adaptativa de manera natural. Pero hay ocasiones en que, en algunas personas y en situaciones determinadas, puede permanecer de manera continuada, sin poderse gestionar y provocando un sufrimiento persistente. Por ejemplo, puede ser cuando hay un duelo mal resuelto y no se acaba de aceptar.

3. Tristeza patológica

Es la sensación o sentimiento de tristeza, desánimo y falta de interés por el mundo en que la persona muestra poca capacidad de reaccionar emocionalmente.

No resulta congruente con ningún evento o aparece en una proporción que resulta desproporcionada.

Puede llevar al aislamiento y a conductas autodestructivas.

Es la clase de tristeza que puede acabar en depresión.

4. Tristeza instrumental

Se trata de una clase de tristeza que es empleada con la finalidad de conseguir alguna cosa.

Se trata de una utilización voluntaria de la emoción. En parte, puede ser realmente sentida; aunque en algunos casos puede haber una simulación completa.

La tristeza y la depresión

No hay que confundir tristeza con depresión, dado que son diferentes. Aunque la tristeza intensa y prolongada puede ser un síntoma de la depresión, que es una condición más grave.

Cuándo buscar ayuda profesional

Sería conveniente buscar ayuda profesional si se dan los siguientes aspectos:

  • Si la tristeza es intensa y persistente y afecta a la vida diaria.
  • Si se acompaña de cambios significativos en el sueño o el apetito.
  • Si hay una pérdida de interés en actividades que antes se disfrutaban.
  • Si existen pensamientos de autolesión o muerte.

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El mundo está lleno de libros preciosos que nadie lee”.

Umberto Eco (1932-2016). Filósofo y escritor italiano.

Alegría

La alegría es una emoción básica y positiva que produce una agradable sensación de placer, gozo y satisfacción.

Es una energía sana que nos impulsa, genera motivación y tiene un impacto positivo tanto en el bienestar físico como en el mental.

Se trata de una sensación que se vincula a la existencia de una serie de activaciones y efectos fisiológicos (entre ellos un aumento de la tasa cardíaca y respiratoria y la secreción de hormonas y endorfinas) y que acontece generalmente a partir de una vivencia que el sujeto valora en el ámbito cognitivo como favorable.

La palabra alegría proviene del latín alicer, aliceris, que significa «vivo, animado».

Características de la alegría

  • Sensación de bienestar. Se experimenta una plenitud y satisfacción interior.
  • Corta duración. Es temporal y cambia con el tiempo, a diferencia de la felicidad, que puede ser un estado más duradero.
  • Manifestaciones físicas y conductuales. Incluye sonrisa, risa, saltar, bailar, aplaudir…
  • Motivación. Aporta energía y motivación para realizar diversas tareas.
  • Contagiosa. Es una emoción agradable de compartir y puede tener un impacto positivo en el entorno, haciendo que las personas a tu alrededor también estén alegres.

Beneficios para la salud

La alegría es fundamental para el equilibrio emocional y físico. Además, forma parte de un círculo de retroalimentación. Cuanto más alegres estemos, más bienestar emocional tendremos y esto, al mismo tiempo, nos va a producir más alegría.

La alegría verdadera o hilarante tiene muchos beneficios, tanto para la salud mental como para la física, como, por ejemplo, los siguientes:

  • Fortalece el sistema inmunológico.
  • Mejora las relaciones sociales.
  • Optimiza el funcionamiento cerebral.
  • Disminuye el estrés.
  • Aumenta la autoestima.
  • Aumenta la fortaleza y la energía.
  • Mejora el rendimiento.
  • Mejora el sueño.
  • Incrementa la edad media de vida.
  • Aumenta el bienestar emocional.
  • Ayuda a combatir el dolor.
  • Al reírnos, hacemos ejercicio.
  • Es un reforzador de conductas.

Clases de alegría

La alegría puede clasificarse en función de su idoneidad, en relación con la situación vivida o según el nivel de realismo con el que se experimenta.

1. Alegría auténtica

Es verdaderamente experimentada y existe un estado de ánimo positivo en el que aparece una activación y excitación fisiológicas y una sensación de felicidad, ganas de experimentar y bienestar.

2. Alegría hilarante

Aparece como resultado del sentido del humor o a reacciones fisiológicas que no aparecen necesariamente en una situación de felicidad y bienestar, sino después de la captación de estímulos o situaciones inesperadas que nos resultan cómicas. Es una de las clases de alegría más frecuente.

3. Alegría derivada del hedonismo

Puede tener varios orígenes y participa de fenómenos tan relevantes como la percepción de felicidad. Puede derivarse de la experimentación de placer, obtenido a través de la satisfacción de las necesidades y deseos más básicos de la persona.

4. Alegría derivada de la eudaimonía

Se experimenta bienestar y alegría derivada de trabajar en el propio desarrollo y la búsqueda de objetivos y propósitos. Se trata de la alegría que produce la autorrealización.

5. Alegría fingida

Es el conjunto de muestras de un estado de ánimo positivo, expansivo e incluso feliz que se realiza de forma intencionada y sin que exista realmente una emocionalidad que las justifique. Se trata de una falsificación generada con alguna finalidad.

6. Alegría cínica

Se asemeja a la alegría fingida y se podría considerar una subclase de ella. Es la alegría manifestada como máscara o mecanismo de defensa con el fin de evitar mostrar otra emoción, generalmente negativa.

7. Alegría maligna

Es cuando alguien se ríe de la desgracia ajena, cuando siente alegría porque alguien ha cometido un error o le ha salido algo mal.

8. Alegría patológica: estados maníacos e hipomaníacos

Aunque normalmente la alegría es causada por un evento beneficioso que nos hace surgir esta emoción, también podemos encontrar a personas que experimentan una clase de alegría que no resulta normativa, sino patológica, que escapa del control de la situación y se puede desbordar y resultar incluso peligrosa. Sucede en algunas patologías como episodios maníacos propios del trastorno bipolar, algunos casos de esquizofrenia y otros trastornos psicóticos o por intoxicación por sustancias.

9. Alegría paratímica

Se considera patológica porque aparece en una situación que no se corresponde con algo que genere alegría o en un momento o situación que no debería generarlo. La situación en la que aparece puede considerarse impropia e incluso puede aparecer en situaciones tristes para el sujeto.

10. Alegría moría o alegría vacía

Está presente en personas con lesión cerebral, tumores cerebrales, deterioro cognitivo o demencias. Se trata de un estado de ánimo positivo y expansivo, pero vacío de contenido, que aparece sin que exista un motivo para la alegría.

Alegría versus Felicidad

Son términos que suelen utilizarse como sinónimos, aunque no lo son.

La alegría es una emoción positiva que suele ir acompañada de bienestar y gozo. Es generada por un evento positivo. Suele ser una emoción pasajera, que no dura mucho en el tiempo. Por ejemplo, si alguien nos hace un regalo, nos sentimos alegres, pero cuando pasa el momento, pasa la alegría.

La felicidad va más allá de la alegría por tratarse de un estado general. Sería el resultado de una prolongación en el tiempo de la alegría. Por ejemplo, si las cosas nos van bien en la vida, en el trabajo, en el ámbito personal…, esto hace que seamos felices.

Cómo entrenar la alegría

La alegría, como el resto de emociones, puede entrenarse y existen una serie de técnicas:

  • Conócete a ti mismo.
  • Aprende a pensar de forma positiva.
  • Entrena la autoestima.
  • Trabaja la asertividad.
  • Mejora habilidades para resolver problemas.
  • Sé empático con los demás.
  • Si es necesario, pide ayuda.

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Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre”.

Ricardo León Román (1877-1943). Novelista y poeta español.

Motivación

La motivación es la fuerza interna que impulsa a una persona a iniciar, dirigir y mantener una conducta hacia un objetivo.

La motivación es la causa que explica una determinada conducta, sobre todo el motivo por el que una persona se comporta de una forma o el interés que la lleva a intentar conseguir algún objetivo.

La motivación puede ser intrínseca (proveniente del interés personal y la satisfacción) o extrínseca (impulsada por recompensas externas, como el sueldo).

La importancia de la motivación

Es importante saber qué aporta la motivación a nuestras vidas y cómo nos ayuda a mejorar. Algunos factores importantes son los siguientes:

Autoestima: La motivación nos ayuda a mejorar la autoestima. Para ser feliz es importante tener metas.

Creatividad: Nos impulsa a mejorar.

Curiosidad: Nos permite intrigarnos mucho más con las cosas que nos provocan curiosidad.

Cómo se activa la motivación

La motivación se activa a través de la sorpresa, una de las emociones básicas y que tiene mucha influencia en los aprendizajes. La emoción de sorpresa activa una zona del cerebro que está junto a las amígdalas, que se llama tálamo. Y esto es importante porque el tálamo es el centro de la atención del cerebro. Cuando el tálamo está activo, no podemos evitar estar atentos a las cosas que ocurren en nuestro entorno. Y la atención es imprescindible para realizar un buen aprendizaje. A través de la sorpresa, por tanto, activamos la atención.

Cómo funciona la motivación en el cerebro

La neurociencia, mediante estudios y experimentos, ha identificado áreas cerebrales y procesos neuroquímicos que están entrelazados con la motivación:

1. Sistema de recompensa: Cuando experimentamos o anticipamos una recompensa, esta región libera dopamina, un neurotransmisor relacionado con la sensación de placer y la motivación.

2. Amígdala: Es una región cerebral que desempeña un papel fundamental en la motivación, dado que puede influir en nuestras respuestas emocionales y motivacionales a estímulos.

3. Córtex prefrontal: Está involucrado en la toma de decisiones, la planificación, la evaluación de recompensas y la regulación de la motivación.

4. Sistemas de atención y memoria: La atención selectiva y la memoria de trabajo pueden influir en cómo procesamos y respondemos a estímulos motivadores.

5. Neurotransmisores: Además de la dopamina, otros neurotransmisores como la serotonina, la noradrenalina y el glutamato están involucrados en la motivación y el estado anímico.

La Pirámide de Maslow

Se trata de una de las teorías sobre la motivación más famosas. También llamada Jerarquía de las necesidades humanas, es una teoría psicológica propuesta por Abraham Maslow en la obra “Una teoría sobre la motivación humana”.

La motivación surge para satisfacer necesidades. Y Abraham Maslow dividía las necesidades en una pirámide para explicar cómo al cambiar las metas cambia la motivación. Una persona no está motivada para conseguir lo que ya tiene o que da por supuesto.

Se definen las necesidades del individuo de forma jerárquica, en cinco niveles diferentes, colocando las necesidades más básicas o simples en la base de la pirámide y las más relevantes o fundamentales en la cima de la pirámide. A medida que las necesidades de un nivel son satisfechas, el individuo pasa al nivel superior.

Pirámide de Maslow (Fuente: Wikipedia)

Necesidades fisiológicas básicas

Son necesidades para mantener la supervivencia:

  • Necesidad de respirar, beber agua y alimentarse.
  • Necesidad de dormir (descansar).
  • Necesidad de evitar el dolor.
  • Necesidad de mantener la temperatura corporal.

Necesidades de seguridad y protección

Surgen cuando las necesidades fisiológicas están ya satisfechas. Se refieren a sentirse seguro y protegido:

  • Seguridad física (tener un refugio que nos proteja) y de salud (asegurar la alimentación futura).
  • Seguridad de recursos (disponer de educación, transporte y sanidad necesarios para sobrevivir con dignidad).
  • Necesidad de ver protegidos tus bienes y tus activos (casa, dinero, etc.).

Necesidades sociales, de afiliación

Son las relacionadas con nuestra naturaleza social:

  • Función de relación (amistad).
  • Participación (inclusión grupal).
  • Aceptación social.

El ser humano por naturaleza siente la necesidad de relacionarse, de ser parte de una comunidad, de agruparse en familias, con amistades o en organizaciones sociales.

Necesidades de estima o reconocimiento

Maslow describió dos tipos de necesidades de estima, una de alta y otra de baja.

  • La estima alta consiste en la necesidad del respeto a uno mismo. Incluye sentimientos como la confianza, la competencia, la maestría, los logros, la independencia y la libertad.
  • La estima baja consiste en el respeto que las demás personas tienen al individuo: la necesidad de atención, de cariño, de reconocimiento, de reputación.

Necesidades de Autorrealización

Este último nivel es la mayor necesidad psicológica del ser humano, se encuentra en la jerarquía más elevada, y cuando se satisface, se encuentra una justificación o un sentido válido en la vida mediante el desarrollo potencial de una actividad. Se llega cuando todos los niveles anteriores ya se han alcanzado y completado, al menos hasta cierto punto.

Teoría de los 16 deseos básicos

El psicólogo Steven Reiss propuso esta teoría. Son 16 deseos básicos que motivan nuestras acciones y definen nuestra personalidad:

  • Aceptación. Necesidad de sentirse aprobado.
  • Curiosidad. Necesidad de aprender y pensar.
  • Comida. Necesidad de alimentarse.
  • Familia. Necesidad de tener hijos.
  • Honor. Necesidad de ser leal a los valores tradicionales de nuestro grupo.
  • Idealismo. Necesidad de buscar justicia social.
  • Independencia. Necesidad de asegurar la individualidad.
  • Orden. Necesidad de un ambiente organizado.
  • Actividad física. Necesidad de realizar ejercicio.
  • Poder. Necesidad de influenciar.
  • Romance. Necesidad sexual.
  • Ahorrar: Necesidad de guardar.
  • Contacto social. Necesidad de tener amistades.
  • Posición social. Necesidad de destacar socialmente.
  • Tranquilidad. Necesidad de sentirse seguro.
  • Venganza. Necesidad de revancha.

Aumentar la motivación

Algunas de las pautas para aumentar la motivación pasan por:

  • Proporcionar experiencias exitosas o agradables.
  • Examinar la escala de necesidades y prioridades.
  • Establecer un sistema de recompensas y castigos.
  • Potenciar a los reforzadores de la conducta.
  • Organizar el trabajo por pasos asequibles.
  • Permitir el intercambio de pareceres entre los miembros de la organización.
  • Dejar margen de libertad con pautas que posibiliten el éxito.

Desmotivación

Un término opuesto a la motivación es la desmotivación. Se trata de un estado interior limitador y complejo, que se caracteriza por la presencia de pensamientos limitantes y sensación de desánimo, que se origina como consecuencia de experiencias negativas y una autopercepción de la incapacidad para generar los resultados deseados.


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Un buen libro no solo se escribe para multiplicar y transmitir la voz, sino para perpetuarla”.

John Ruskin (1819-1900). Escritor y crítico de arte británico.

Inspiración

Si buscamos en algún diccionario (en papel o por internet), la primera acepción de la palabra «inspiración» suele ser la siguiente: «Proceso por el que se introduce aire desde un medio exterior a los pulmones». Pero en esta publicación no voy a referirme a esta primera acepción, sino a una segunda, que dice así: “Estado del artista que le proporciona el estímulo para la creación o composición de obras de arte”. Pero todavía me ha parecido más adecuada la siguiente definición: Estímulo o lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema, la concepción de ideas que permiten emprender un proyecto, etc., especialmente la que siente el artista y que impulsa la creación de obras de arte.

La segunda definición de la segunda acepción me ha parecido suficientemente completa para dedicarle un breve análisis, que realizaré en fragmentos:

1. Se define como un estímulo, entendido como cualquier factor que puede desencadenar un cambio. Traducido a palabras mundanas, vendría a ser como una sensación… La verdad es que cuesta un poco explicarlo con palabras.

2. Se menciona la lucidez, que en sentido figurado sería comprender las cosas con una claridad extraordinaria.

3. Se dice que es repentina, es decir, que aparece en cualquier momento, sobre todo cuando menos te la esperas. A este aspecto me referiré más tarde.

4. Que siente una persona. Si se pudiera, habría que cuestionar a los animales para saber si también les aparece la inspiración, aunque sea de vez en cuando.

5. Favorece la creatividad. De eso no me cabe duda.

6. También favorece la búsqueda de soluciones a un problema. ¿A quién no le ha venido, de repente, en alguna ocasión, la solución a un problema que no sabía cómo resolver?

¿Cuándo aparece la inspiración?

Existen otros aspectos relacionados con la inspiración que no contienen sus definiciones. Cuando se refieren a que la inspiración aparece de forma repentina, no se comenta cuándo, exactamente, pero se trata de una cuestión significativa, al menos, en mi opinión.

Porque la inspiración no suele aparecer cuando más la necesitas, al contrario, a menudo aparece cuando estás haciendo alguna otra tarea y no puedes distraerte. Por ejemplo, puede aparecer cuando estás en la cama a punto de dormirte. Y entonces te surge una duda. ¿Qué hago? Y solo existen dos opciones.

La primera opción consiste en intentar dormir. Se trataría de la mejor opción para la salud. Pero casi siempre que la eliges es porque tienes el convencimiento de que al día siguiente, cuando te despiertes, recordarás la idea, sin ningún problema. Se trata de un grave error, porque existe una probabilidad muy elevada de que al día siguiente no la recuerdes. Y entonces te arrepentirás de haber preferido dormir.

La segunda opción consiste en levantarte de la cama, encender la luz y apuntar la idea. Pero esta alternativa no carece de inconveniente, porque será muy probable que te desveles y te cueste dormirte. Y al día siguiente por la mañana sufrirás la misma sensación que si hubieras elegido la primera opción, es decir, te arrepentirás, en esta ocasión de haberte levantado a apuntar esa idea. Que quizás era una idea genial, pero que hará que estés todo el día somnoliento.

La inspiración en la Antigüedad

En la Antigüedad se creía que la inspiración era el proceso por el que la divinidad entraba en contacto con el artista, sea a través de entidades específicas, como las musas, a través de una revelación o bien en un estado hipnótico, de locura o arrebato donde el artista puede captar el otro mundo.

Esta inspiración permitía alcanzar la originalidad, la belleza en la expresión, la conexión entre realidades que antes no se habían juntado o que estaban ocultas.

La inspiración según la Psicología

La psicología moderna considera que la inspiración es el uso de ideas que proceden del inconsciente y de la experiencia previa, es decir, del interior del sujeto y no de un ser divino ajeno.

La inspiración según la Literatura

En literatura, la inspiración es una cualidad bastante interesante y se ubica entre las básicas en la construcción de un poema. Sería la idea luminosa, aquella que los autores de cómics representarían por medio de una bombilla encendida.

Hay quien la asocia con Dios, que guía la mano del artista. Hay quien cree que la obra artística es fruto del trabajo y no es deudora de tan intangible cualidad. De hecho, el debate, a pesar de ser abierto por el romanticismo, está todavía vigente.

Las musas

La palabra “musas” proviene del griego antiguo Μοῦσαι, en singular, Μοῦσα. También recibieron el nombre de “Heliconíadas”.

Las musas o heliconíadas son en la mitología griega las divinidades que inspiran las artes. Son hermanas entre sí. Al principio, eran tres. Al final, el número de musas se estableció en nueve, cada una de las cuales inspiraba y protegía un género distinto. Y de las nueve musas tradicionales emergieron las distintas clasificaciones de las artes.

Las nueve musas canónicas son:

  • Calíope. Musa de la poesía épica.
  • Clio. Musa de la historia.
  • Érato. Musa de la poesía lírica.
  • Euterpe. Musa de la música.
  • Melpómeno. Musa de la tragedia.
  • Polimnia. Musa de los himnos y la geometría.
  • Talía. Musa de la comedia.
  • Terpsícore. Musa del baile.
  • Urania. Musa de la astronomía.

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El libro no es solo palabras o figuras sobre papel, sino todo lo que yo imagino mientras leo”.

Jostein Gaarder (nacido en 1952). Escritor noruego

Felicidad

La felicidad es un sentimiento agradable de satisfacción y ausencia de sufrimiento. Es un sentimiento positivo de plenitud y alegría. Es la satisfacción en la culminación de objetivos personales y profesionales, realistas y temporales, desvinculados de coyunturas puntuales.

Cómo conseguir ser feliz

Puede parecer que la felicidad está unida a la obtención de logros, pero según Arthur C. Brooks, profesor de la Universidad de Harvard, el secreto de la felicidad podría no estar en los logros alcanzados. Y lo resume en la idea de la «falacia de la llegada».

La felicidad consistiría precisamente en dejar a un lado esa falacia de la llegada y no obsesionarse con conseguir metas profesionales, materiales o sociales. Es decir, deberíamos evitar que las expectativas de la sociedad dictaminen nuestra propia idea de felicidad.

Según Brooks, debemos centrarnos en otros aspectos que, si están en equilibrio, es muy probable que reviertan en la felicidad, como son los siguientes:

  • La filosofía personal. Pensar en cuáles son los valores que nos mueven y dedicar todos los días unos momentos para identificar cuáles de las acciones que hemos llevado a cabo nos han hecho sentir bien.
  • Relaciones familiares, amistades y comunidad. Reflexionar sobre nuestras relaciones personales y sobre lo que aportan a nuestra vida.
  • Trabajo u objetivo de vida significativo. Dedicar nuestra vida a realizar cosas que ayuden a otras personas o que tengan un impacto positivo sobre el mundo.
  • Vivir el presente. Dedicar tiempo a enfocarnos en vivir el presente.

La psicología positiva

Tradicionalmente, la psicología y la psiquiatría científicas han estudiado los aspectos negativos y patológicos del ser humano, dejando de lado las fuerzas positivas como la creatividad, la inteligencia emocional, la felicidad…

Esto cambió cuando Martin Seligman, catedrático de la Universidad de Pensilvania, a finales de los años 90 destacó la necesidad de investigar los aspectos saludables del ser humano y propuso la creación de la psicología positiva, una corriente de la psicología que estudia las bases del bienestar psicológico y de la felicidad.

La felicidad según las ramas de conocimiento

Según la biología

Nuestros comportamientos naturales tienden a garantizar dos objetivos primarios esenciales: el de supervivencia y el de la perpetuación mediante la procreación. Y esto ocurre a través de dos mecanismos, los de la búsqueda del placer y la evitación del dolor.

Según la psicología

Dada la dificultad de llegar a un consenso sobre cómo definir la felicidad, los psicólogos a menudo se abstienen de utilizar el término en sus investigaciones. En cambio, se refieren al bienestar, un concepto que podría verse como un sinónimo de felicidad.

Según la filosofía

Platón afirmaba que el ser humano que hace que todo lo que lleve a la felicidad dependa de sí mismo, y no de los demás, ha adoptado el mejor plan para vivir feliz.

Según su discípulo, Aristóteles, todos los seres humanos van en busca de su propia felicidad, que depende solo de uno mismo.

El filósofo nihilista Nietzche afirmaba que la felicidad se puede conseguir solo cuando comprobamos que hemos superado lo que nos oprimía, dado que haber superado una resistencia nos confiere un sentimiento de poder que nos hace enfrentarnos a todas las dificultades con vitalidad.

Autoestima y felicidad

A menudo pensamos que seremos felices si logramos tal objetivo o si tenemos algo que ahora nos falta, pero la felicidad es más bien un continuo, no un estado de todo o nada. La felicidad se consigue cuando nuestra autoestima se encuentra en un buen lugar.

Ser feliz con uno mismo

Trabajar el bienestar desde uno mismo es fundamental para después conectar con el entorno laboral, las amistades o la familia. La buena autoestima y la satisfacción personal son clave en el crecimiento personal y la felicidad que percibimos de forma individual.

¿De qué forma se puede ser feliz con uno mismo?

1. Cuidar el cuerpo

Nuestro cuerpo es la base física de nuestra vida. Es importante buscar actividades deportivas que nos hagan sentir bien, alimentos que nos den energía y descansar las horas necesarias.

2. Cuidar la mente

Debemos encontrar actividades que alimenten a nuestra parte intelectual, como leer o visitar exposiciones. Así podremos ir desarrollándonos y crecer.

3. Crecer en experiencias

Las nuevas actividades y atrevernos a hacer cosas que nos den miedo otorgan valor a cada día y aumentan significativamente nuestro nivel medio de felicidad.

4. Ayudar a alguien

El altruismo y la generosidad son valores que nos conectan con los demás, pero también con nosotros mismos. Ayudar a alguien es una buena manera de agradecer lo que tenemos y poder aportar que los demás también incrementen su felicidad.

5. Buscar las propias metas

Saber qué sentido queremos que tenga nuestra vida, establecer metas y marcar el camino para conseguirlo, nos ayudará a trabajar para alcanzar niveles más altos de bienestar.

6. Aceptar las propias emociones

Aceptarlas y escucharlas es la mejor forma de alinearnos con nosotros mismos.

Conclusión

La felicidad quizás depende exclusivamente de uno mismo. Tal vez cada uno tiene el control exclusivo de su propia felicidad. Puede que aplicar la fórmula de la felicidad dependa únicamente de cada uno, en cualquier situación, por muy adversa que parezca.


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De los diversos instrumentos del hombre, el más asombroso es sin duda el libro”.

Jorge Luis Borges (1899-1986). Escritor, poeta y ensayista argentino.

El miedo

Qué es el miedo

Según la psicología experimental, el miedo es una de las seis emociones primarias que existen. Las otras cinco son la alegría, la sorpresa, la ira, la tristeza y el asco.

El miedo actúa como una alarma que nos avisa, ante situaciones de peligro, con el objetivo de generar una respuesta que neutralice la amenaza.

Es una emoción desagradable provocada por la percepción de un peligro, real o supuesto, presente, futuro o pasado.

Es una emoción derivada de la aversión natural al riesgo o amenaza, manifestada en todos los animales, que incluye al ser humano.

La máxima expresión del miedo es el terror.

El miedo puede aprenderse. Por ejemplo, nuestros antepasados con la experiencia aprendieron a tener miedo a los leones.

El miedo puede ser controlado por la persona que lo sufre, al contrario de lo que sucede con las fobias.

Para qué sirve el miedo

El ser humano ha logrado sobrevivir y adaptarse al medio en el que vive gracias al sistema que tiene para adelantarse a las situaciones de peligro. Así ha podido enfrentarse a las amenazas luchando o huyendo.

El miedo es solo una emoción que reacciona en función de nuestros patrones mentales, de nuestras creencias y pensamientos.

El miedo en sí mismo es positivo, dado que nos ayuda a alejarnos de un suceso para el que todavía no estamos preparados.

Cuando el miedo es un problema

El problema aparece cuando nuestras creencias e interpretaciones hacen que sintamos miedo de forma disfuncional, es decir, que lo que sucede a consecuencia de sentir ese miedo es peor que lo que sucedería si no sentimos el miedo. Por ejemplo, a veces no hacemos lo que desearíamos hacer porque tenemos miedo a lo que pueda pasar (viajar, hablar en público, iniciar un negocio…)

El miedo puede frenarnos si lo gestionamos de forma disfuncional. El miedo en sí no debería ser un problema. El problema es lo que hacemos con el miedo.

Respuesta del cuerpo ante el miedo

El miedo tiene una respuesta biológica en el cuerpo. El corazón late deprisa de forma repentina, se empieza a sudar, cuesta respirar y se produce una sensación de mareo e inestabilidad. Ante esta situación, es fácil centrar toda la atención en el miedo y generar una espiral en la que ese miedo puede llegar al pánico.

No todo el mundo tiene la misma probabilidad de sufrir estos ataques de pánico o ansiedad. Depende de varios factores, pero, si mantenemos un estilo de vida marcado por un alto nivel de preocupación, aumenta la probabilidad de generar esquemas cognitivos automáticos de peligro. Y estos esquemas favorecen una mayor vulnerabilidad a sufrir trastornos de ansiedad.

El miedo resulta útil cuando nos avisa de un peligro real. Pero si nos preocupamos por cosas improbables, incontrolables o inciertas, no solo la situación no será eficaz, sino que pueden aparecer efectos secundarios no deseados.

Cómo enfrentarse al miedo

Algunas ideas para enfrentarse al miedo con éxito son las siguientes:

  • Reconocer lo que provoca el miedo y aceptarlo.
  • Enfrentarse al miedo, no intentar anularlo.
  • Racionalizar el miedo.
  • Empezar enfrentándose a los miedos poco intensos.
  • Proponerse pequeños pasos.
  • No evitar las situaciones u objetos que provocan el miedo.
  • Orientarse en las soluciones.
  • Visualizar el proceso.
  • Buscar la ayuda de un profesional, si no se puede conseguir por sí mismo.

La fobia

La fobia se diferencia del miedo en los siguientes aspectos:

Una fobia es un temor irracional hacia cosas, situaciones, personas o pensamientos.

Una fobia no es una emoción primaria.

La fobia es un trastorno psicológico que puede ser tratado clínicamente.

La fobia generalmente carece de justificación, aunque en algunos casos puede ser desencadenada por experiencias traumáticas.

La fobia no puede ser controlada y puede llegar a impedir que la persona desarrolle su vida con normalidad.

Clases de fobias

Existen varias clases de fobias:

  • A animales.
  • A elementos de la naturaleza.
  • A daños.
  • A situaciones muy concretas.
  • Otros.

Fobias más habituales

Algunas de las fobias más habituales son las siguientes:

  • Aracnofobia. Miedo a las arañas.
  • Hematofobia. Miedo a la sangre.
  • Acrofobia. Miedo a las alturas.
  • Aerofobia. Miedo a volar en aviones.
  • Claustrofobia. Miedo a los espacios cerrados.
  • Agorafobia. Miedo a los espacios abiertos.
  • Amaxofobia. Miedo a conducir.
  • Necrofobia. Miedo a la muerte.

Fobias curiosas

Algunas fobias curiosas podrían ser las siguientes:

  • Coulrofobia. Miedo a los payasos.
  • Turofobia. Miedo al queso.
  • Hexakosioihexekontahexafobia. Miedo al número 666.
  • Crematofobia o Crometofobia. Miedo al dinero.
  • Somnifobia. Miedo a dormir.
  • Triscaidecafobia. Miedo al número 13.
  • Hilofobia. Miedo a los árboles.
  • Nomofobia. Miedo a dejarse el móvil en casa.

Parece que existe una fobia para casi cualquier cosa o situación.


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Las bibliotecas siempre me recuerdan que hay cosas buenas en este mundo”.

Laura Ward. Cantante y actriz estadounidense.

Resiliencia

La resiliencia es la capacidad que tienen las personas para afrontar, adaptarse y recuperarse frente a las dificultades, el estrés o las adversidades. Resulta ser una especie de fuerza interior que nos ayuda a seguir adelante, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Tener resiliencia no significa que no sintamos miedo o tristeza, sino que podemos gestionar estas emociones y seguir adelante con esperanza y determinación.

Origen del concepto de resiliencia

El primer autor que empleó el término resiliencia fue John Bowlby, pero fue Boris Cyrulnik, psiquiatra, neurólogo y psicoanalista, quien dio a conocer el concepto de resiliencia en el campo de la psicología y lo hizo mediante el libro “Los patitos feos”.

Todas las personas, a lo largo de nuestra existencia, nos enfrentamos, desgraciadamente, a momentos difíciles, a complicaciones, a situaciones tensas que conllevan dolor y tristeza emocional como, por ejemplo, la pérdida de un ser querido, una separación conyugal, un despido laboral, una enfermedad, un accidente… Estas son situaciones traumáticas que podemos llegar a sufrir.

Para llegar a ser una persona con resiliencia resulta muy importante aprender a identificar, aceptar y gestionar las emociones. Y en este proceso juega un papel clave la interpretación o valoración que hacemos de las situaciones que vivimos, ya que nuestra reacción emocional normalmente derivará de esta interpretación.

La práctica de la resiliencia

La resiliencia no es una calidad innata, no está impresa en nuestros genes. En cambio, sí que es una calidad que podemos desarrollar a lo largo de nuestra vida.

Para intentar contrarrestar, de algún modo, los efectos de estos hechos traumáticos, sería bueno que desde la infancia aprendiéramos a desarrollar nuestra capacidad de superación, para estar preparados y poseer las herramientas emocionales y cognitivas necesarias que puedan ayudarnos a afrontar las malas experiencias.

Los pilares de la resiliencia

Fortalecer la propia capacidad de resiliencia es un proceso que nos puede ayudar a afrontar mejor los desafíos de la vida. Son factores que conviene aprender a utilizar para que se conviertan en pilares en los que se fundamentará nuestra capacidad de resistencia.

Algunos pilares de la resiliencia son los siguientes:

  • Competencia social. Es la habilidad para comprender a otras personas, facilidad para hacer amistades y relacionarse socialmente.
  • Resolución de problemas. Aprendiendo a pensar de forma reflexiva y flexible se pueden llegar a solucionar mejor los conflictos.
  • Autonomía. Desarrollar un sentido de distanciamiento personal nos abastece de un espacio protector para el desarrollo de nuestra autoestima.
  • Sentido de propósito y futuro. En momentos de dificultades, conviene tener expectativas positivas y tener claros los objetivos que nos orienten hacia la consecución de proyectos.
  • Ambiente familiar y social. Un contexto de cariño, respeto y apoyo familiar nos provee de confianza y seguridad y contribuyen a fomentar nuestra integridad personal y nuestra autoestima.
  • Bienestar emocional. Permitirse sentir y expresar las emociones.
  • Actitud positiva. Enfocarse en las soluciones y en lo que se puede controlar.
  • Red de soporte. Rodearse de personas que apoyen.
  • Aprender de las dificultades. Un desafío es una oportunidad para crecer y aprender.
  • Autocuidado. Dormir bien, comer saludable y hacer ejercicio ayudan a mantenerse fuerte, tanto física como emocionalmente.
  • Flexibilidad. A veces las cosas no son como planeamos.
  • Metas realistas. Para no sentirse abrumado/a.

Características de las personas con resiliencia

Algunas características que poseen las personas resilientes son las siguientes:

  • Son conscientes de sus potencialidades y sus limitaciones.
  • Son creativas.
  • Son empáticas.
  • Confían en sus capacidades.
  • Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender.
  • Practican el mindfulness o conciencia plena.
  • Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista.
  • Se rodean de personas que poseen una actitud positiva.
  • No intentan controlar las situaciones, sino sus emociones.
  • Son flexibles frente a los cambios.
  • Son tenaces en sus propósitos.
  • Afrontan la adversidad con sentido del humor.
  • Buscan la ayuda de otras personas y el apoyo social.

Conclusión

La resiliencia debe ser un medio que debemos aprender y que, de alguna forma, nos ayudará a gestionar de una manera más eficiente los acontecimientos adversos que, desgraciadamente, la vida nos traerá.


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Las bibliotecas son motores del cambio social”.

Gloria Pérez-Salmerón (nacida en 1958). Bibliotecaria española

Pensamiento crítico

Pensamiento

El pensamiento es el producto de la mente en el acto de pensar, esto es, las construcciones mentales elaboradas fruto de la actividad del cerebro. El objetivo básico del pensamiento es dotar de significado al mundo exterior y uno mismo, manipulando la información. La inteligencia es la habilidad personal para pensar de forma más efectiva. Cuando se habla de pensamiento, por lo general se hace referencia a cualquier actividad intelectual o mental.

Componentes del pensamiento

Los más importantes son los siguientes:

  • Percepción. Es la ordenación que hace el cerebro de lo que le llega mediante el mundo exterior por la vista, el oído, el tacto, el olfato o el gusto.
  • Memoria. Permite almacenar pensamientos bajo la forma de recuerdos y recuperarlos cuando es necesario.
  • Conciencia. Es la sensación de ser un sujeto y estar despierto para poder pensar.
  • Emociones. Estas influyen a la hora de formular un pensamiento. El sentimiento se almacena junto al recuerdo y permite la transformación posterior del mismo.

Pensamiento crítico

Es un tipo concreto de pensamiento que analiza la validez de los razonamientos que se consideran verdaderos.

Es un proceso cognitivo complejo que implica el análisis objetivo y la evaluación de la información, para poder formar un juicio propio. Lo que hace falta es examinar activamente la información, cuestionando su validez.

Se basa en valores intelectuales que tratan de ir más allá de las impresiones y opiniones particulares, por lo que requiere claridad, exactitud, precisión, evidencia y equidad.

El pensamiento crítico en la actualidad

Hoy en día, en la era de la información (que a menudo parece la era de la desinformación) y de las noticias falsas (fake news), cada vez resulta más importante el pensamiento crítico. Se ha convertido en una habilidad esencial para poder enfrentarnos con garantías a un alud constante de datos y opiniones.

Cómo desarrollar el pensamiento crítico

El desarrollo del pensamiento crítico es un proceso continuo que requiere práctica y esfuerzo. Es necesario desarrollar una actitud que permita la entrada de más información y permita detenerse a pensar.

Son fundamentales las siguientes características:

  1. Cultivar la curiosidad. Se debe tener una natural curiosidad y motivación por avanzar en el mismo conocimiento sobre una materia. La única forma de evitar tener un conocimiento básico sobre algo es estudiar hasta alcanzar el nivel de entendimiento necesario antes de realizar cualquier juicio.
  2. Desarrollar la observación. Resulta imprescindible estar atento a los detalles, que son los que nos ayudarán a discernir entre la verdad y la mentira.
  3. Tener un escepticismo sano. Hay que cuestionarnos la información que recibimos, no aceptarla, en un primer momento, como verdadera, sin antes pasarla por el cedazo del pensamiento crítico.
  4. Mantener la mente abierta. Dar la oportunidad a todos los puntos de vista diferentes y después razonar sobre cada uno de ellos.
  5. Analizar la información. Desglosarla en partes e identificar las principales ideas, argumentos y conclusiones.
  6. Mantener la humildad intelectual. Significa poder ser capaz de dar una oportunidad a las opiniones y nuevas pruebas o argumentos, incluso si estas pruebas o pesquisas nos llevan a descubrir defectos en nuestras propias creencias.
  7. Estimular la creatividad. Fomentar la generación de ideas originales y la búsqueda de soluciones innovadoras.
  8. Practicar la reflexión. Dedicar tiempo para reflexionar sobre tus propias ideas, acciones y decisiones.

Habilidades del pensamiento crítico

Las habilidades más importantes del pensamiento crítico son las siguientes:

  • Análisis. Desglosar la información en partes para su mejor comprensión.
  • Interpretación. Dar sentido a la información y comprender su significado.
  • Evaluación. Juzgar la credibilidad y validez de la información.
  • Inferencia. Sacar conclusiones lógicas basadas en la evidencia.
  • Explicación. Comunicar las ideas de forma clara y concisa.
  • Resolución de problemas. Identificar problemas, generar soluciones y evaluar su efectividad.
  • Toma de decisiones. Evaluar las distintas opciones y elegir la mejor alternativa.

Beneficios del pensamiento crítico

Algunos podrían ser los siguientes:

  • Permite tomar decisiones fundamentadas, al analizar y evaluar cuidadosamente la información disponible.
  • Evita decisiones apresuradas basadas en suposiciones.
  • Mejora la resolución de problemas al abordar las situaciones desde distintos ángulos y considerar múltiples soluciones potenciales.
  • Fomenta una comunicación más efectiva, puesto que promueve el análisis claro de ideas y la habilidad para escuchar y comprender diferentes perspectivas.

Lo que el pensamiento crítico no es

Una vez explicado lo que es el pensamiento crítico, también es importante resaltar lo que no es. Porque el pensamiento crítico:

  • No es pensar negativamente.
  • No trata de que las personas piensen de la misma forma.
  • No trata de cambiar la propia personalidad.
  • No es una creencia.
  • No reemplaza o minimiza los sentimientos o emociones.
  • No favorece ni representa específicamente a la Ciencia.
  • Sus argumentos no son necesariamente siempre los más persuasivos.

Enseñanza del pensamiento crítico

La búsqueda del pensamiento libre es una actividad constante. Por tanto, el aprendizaje es el primer espacio para defender la diversidad, la igualdad y, en definitiva, la democracia.

Si la enseñanza es el espacio donde desarrollar el pensamiento crítico, y el aprendizaje es una actividad que dura toda una vida, existen problemas que habría que afrontar hoy en día dentro y fuera del aula.

Y para hacerlo más ameno, habría que encontrar herramientas atrevidas con las que enfocar esta enseñanza. Incluso habría que cuestionarnos como hemos aprendido hasta ahora, cuestionar los referentes y cuestionar el complejo equilibrio que nos permite enseñar, valorar y aprender.

Conclusión

El pensamiento crítico es una habilidad que se desarrolla con la práctica constante y que nos permitirá tomar decisiones más informadas, resolver problemas de forma más efectiva y navegar por el mundo con mayor confianza.

Las informaciones contrastadas, que poseen datos verificables y que son fruto de un análisis crítico, resultan mucho más valiosas que aquellas informaciones no contrastadas, superficiales y que no son fruto de ningún tipo de análisis crítico.


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Un libro es como un jardín que se lleva en el bolsillo”.

Proverbio árabe

Ignorancia

De forma simple, se podría decir que la ignorancia consiste en no saber o no conocer algo. Pero la realidad es que va más allá, mucho más allá.

Las decisiones que se toman desde una ignorancia no reconocida suelen ser erróneas y pueden provocar efectos negativos para las personas. Porque todavía existe algo peor que la ignorancia, es no reconocer la propia ignorancia. Me refiero, sobre todo, a la ignorancia en un determinado tema. Porque todas las personas son ignorantes en alguno o algunos temas. No hay nadie que sepa de todo. Un gran problema es no admitirlo, o no querer admitirlo. Sin embargo, admitirlo es una gran virtud que puede llegar a evitar muchos problemas.

Frases sobre la ignorancia

Existen muchas frases célebres sobre la ignorancia. Por ejemplo, suele decirse que “la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. Otro ejemplo es la frase de Aristóteles: «El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona». Estas frases muestran la peligrosidad de la ignorancia no reconocida. Faltaría saber si no se reconoce porque no quiere reconocerse o no es así.

Una frase muy vehemente es la siguiente: «En Egipto, a las bibliotecas se las llamaba el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás». Esta frase la dijo Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704), filósofo e intelectual francés.

Si una persona no sabe que es ignorante en un tema, será porque se piensa que sabe mucho de ese tema y, si es así, cuando tenga que tomar una decisión sobre aquella temática no pedirá ayuda a nadie, dado que piensa que sabe. En cambio, cuando una persona sabe o reconoce que ignora muchas cuestiones de un determinado tema, cuando tenga que tomar una decisión relacionada con ese tema, en la mayoría de ocasiones buscará asesoramiento experto. Aquí radica la importancia de reconocer o no la ignorancia en un tema determinado.

Pero la frase más popular sobre la ignorancia, aunque no la cita de forma textual, debe ser la de Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Aceptando que nada sabe, está aceptando que posee ignorancia. Aunque la frase es absolutamente exagerada, se entiende lo que quería decir, el énfasis que quería poner en que todo el mundo es ignorante en muchas materias y que debemos asumirlo. No pasa nada por asumir que no se sabe algo. Y esto lleva a aceptar la ayuda de otras personas que saben más que nosotros de ese tema.

La tecnología y la ignorancia

Vivimos en una era en la que tenemos todo el conocimiento en nuestras manos. En Internet tenemos toda la información que necesitamos e incluso más. O esto es lo que parece y lo que podría llevarnos a creer que no necesitamos ayuda para nada, porque tenemos todo el conocimiento a nuestro alcance. Pero no basta con tener al alcance todo el conocimiento, porque este conocimiento debe aprenderse, interiorizarse, ponerse en práctica… Leyendo un manual de internet sobre mecánica no nos convertiremos, de la noche a la mañana, en una persona experta en mecánica. No es tan sencillo. Para ser expertas en la materia, además de leer mucho sobre esta cuestión, deberemos, por ejemplo, practicar mucho. No es lo mismo leerlo y creer que lo hemos entendido, que ponerlo en práctica.

Además, debemos tener presente que todo lo que hay en internet no tiene por qué ser verdad. Lo que leemos en las páginas web y en las redes sociales puede ser verdad o puede ser mentira. Antes de dar como verdadero lo que estás leyendo, deberías pasarlo, entre otros, por el cedazo de la lógica. Y también debería intentarse contrastar. No solo las personas que trabajan informando, sino también el resto de personas que leemos por internet, deberíamos tener presente que la base para saber si cualquier información es real es, ante todo, intentar contrastarla. Esta es la única manera de no fomentar mentiras, de no dar alas a informaciones no reales.

La facilidad con la que, hoy en día, se puede divulgar información por internet, es mucho mayor de la que podía difundirse hace algunos años. Y esta herramienta, que, en principio, puede dar la sensación de ser una herramienta democrática, dado que casi todo el mundo tiene acceso a internet, al fin y al cabo, no lo es. Porque en la realidad no todas las informaciones son igualmente válidas. Las informaciones contrastadas, que poseen datos verificables y que son fruto de un análisis crítico, resultan mucho más valiosas que aquellas informaciones no contrastadas, superficiales y que no son fruto de ningún tipo de análisis crítico.

Ignorancia supina

La ignorancia es aún más grave cuando esta puede calificarse como supina, es decir, que procede de negligencia al aprender o inquirir lo que se puede y debería saberse. Es decir, que se trata de una ignorancia fruto de la falta de interés por aprender, cuando se ha tenido poco o nada de interés por eliminar la ignorancia.

Conclusión

La mejor noticia sobre la ignorancia es que tiene cura. Y esta no es otra que intentar aprender. Sin embargo, incluso cuando no podemos aprender, tenemos otra herramienta a nuestro alcance que es la contrastación de la información para saber si es verdadera.


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En Egipto, a las bibliotecas se las llamaba el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás”.

Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704). Filósofo e intelectual francés

Mentir

Algunas definiciones de mentir son las siguientes:

Es el hecho de comunicar mentiras.

Es decir o manifestar lo contrario de lo que se sabe, se cree, se piensa o se siente.

Es decir algo que no es cierto con la intención de engañar.

Mentira

La mentira, en términos generales, es la ausencia de la verdad.

La mentira puede proceder de importantes factores como el estrés, la angustia, el dolor y la baja autoestima. Y puede derivar en perder la moral y aumentar nuestro estado interno de angustia. La solución es decir siempre la verdad, aunque nos duela.

Clases de mentiras

Existen diversas clasificaciones de las mentiras. Una es la siguiente:

  1. Mentiras blancas. Son pequeñas falsedades que se dicen para no herir los sentimientos de alguien.
  2. Mentiras piadosas. Son similares a las mentiras blancas, pero tienen la intención de proteger a alguien de una verdad dolorosa.
  3. Mentiras maliciosas. Son más perjudiciales y se dicen con la intención de perjudicar a alguien o manipular una situación.
  4. Mentiras por omisión. Son cuando se omite información importante, lo que puede llevar a una interpretación errónea de la verdad.
  5. Grandes mentiras. Son afirmaciones completamente falsas y que pueden tener un impacto significativo, como las que se emplean en fraudes o engaños.

Según San Agustín (escritor, teólogo y filósofo cristiano), existen ocho clases de mentiras:

  1.  Mentiras en la enseñanza religiosa.
  2.  Mentiras que duelen y no ayudan a nadie.
  3.  Mentiras que duelen y sí ayudan a alguien
  4.  Mentiras que surgen por el placer de mentir.
  5.  Mentiras dichas para complacer a otras personas.
  6.  Mentiras que no duelen y ayudan a alguien.
  7.  Mentiras que no duelen y pueden salvar la vida de alguien.
  8.  Mentiras que no duelen y protegen la “pureza” de alguien.

Por otro lado, Santo Tomás de Aquino (teólogo, filósofo y jurista católico) distinguió tres clases de mentiras:

  1.  Mentiras útiles.
  2.  Mentiras humorísticas.
  3.  Mentiras maliciosas.

Según Santo Tomás de Aquino, las tres clases de mentiras son pecado. Las mentiras útiles y las humorísticas serían pecados veniales, mientras que las mentiras maliciosas serían pecado mortal.

Mitomanía

La mitomanía, o adicción de las personas a mentir, es un trastorno psicológico también conocido como mentira patológica o pseudología fantástica.

El término mitomanía proviene del griego y está formado por “mitos”, que significa ficción, historia fantástica, y por “manía”, que indica compulsión, conducta caprichosa.

La mitomanía tiene lugar cuando una persona miente mucho para conseguir atención o para evitar castigos. Una persona que sufre mitomanía también se puede llamar mentirosa compulsiva.

Además de la conducta repetitiva de mentir, las personas que sufren este trastorno pueden presentar también otros síntomas, como los siguientes:

  • Ansiedad.
  • Baja autoestima.
  • Dificultades para relaciones sociales.
  • Dificultad para dejar de mentir.
  • Satisfacción cuando alcanza su objetivo gracias a mentir.

Clasificación de la mitomanía

Según las personas expertas, la mitomanía se puede clasificar en tres grupos:

  • Teoría biológica. El cerebro de una persona mentirosa es diferente. Tiene mayor sustancia blanca en la corteza prefrontal.
  • Teoría social. La mentira está asociada a algún trastorno de la personalidad.
  • Teoría psicoanalítica. Aquellas personas que mienten sobre su identidad por una mala construcción de ella durante la infancia.

Es importante discernir que no es lo mismo una persona mentirosa que una persona que sufre mitomanía. Mientras que una persona mitómana dice mentiras de forma compulsiva, la persona mentirosa lo hace de manera ocasional.

Detección de la mitomanía

Para detectar si una persona sufre mitomanía, podemos fijarnos en ciertos signos y conductas que pueden servir como indicio:

  1. La frecuencia y la naturaleza de las mentiras. La persona miente de manera frecuente, incluso cuando no hay razón clara para hacerlo.
  2. La consistencia en las historias. Las historias que cuenta suelen ser inconsistentes. Los detalles cambian con el tiempo y se pueden contradecir.
  3. La motivación tras las mentiras. En muchos casos, la persona miente por hábito, no siempre para obtener un beneficio.
  4. La reacción cuando se descubre una mentira. La persona puede responder con más mentiras para cubrirse o reaccionar a la defensiva.
  5. La autopercepción y el reconocimiento: Muchas personas con mitomanía no son conscientes de estar mintiendo, o no reconocen el alcance de sus mentiras.
  6. El impacto en las relaciones. Las mentiras repetidas pueden perjudicar a las relaciones personales y laborales.
  7. Las consecuencias emocionales y psicológicas. La persona puede sentir culpa, vergüenza o ansiedad; aunque no siempre es así.

Tratamiento de la mitomanía

Como cualquier trastorno psicológico, el primer paso para poder tratarlo es que la persona lo acepte y busque ayuda. Normalmente, una persona que sufre mitomanía no reconoce que mentir de forma compulsiva sea un problema. El tratamiento pasa por acudir a un/a profesional en psicología.

Conclusión

Es importante remarcar que, aunque en ocasiones las mentiras pueden parecer inofensivas, la honestidad suele ser la mejor política en las relaciones y la comunicación.


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Si esperara la perfección, nunca escribiría una palabra”.

Margaret Eleanor Atwood (nacida en 1939). Poetisa, novelista y profesora canadiense.

Adicción

Una adicción es una inclinación, una obsesión o una dependencia física o psicológica excesiva. Y esa adicción puede ser, básicamente, a una cosa o a una sustancia.

Existen adicciones muy diversas. Una persona puede ser adicta a casi cualquier cosa o a cualquier sustancia. Basta con tener una tendencia a depender de aquello, es decir, que sin eso no puede pasar.

Las adicciones más habituales, por ser más mayoritarias, podrían ser las siguientes:

– A las drogas (cannabis, cocaína, heroína…).

– Al tabaco.

– Al alcohol.

– Al juego.

– A los videojuegos.

– Al sexo.

– Al ordenador.

– A comer o a no comer.

Algunas adicciones tienen su propio nombre, por ejemplo, la adicción al juego se llama ludopatía; a las drogas, drogadicción, al tabaco, tabaquismo; al alcohol, alcoholismo…

Cabe decir que una adicción puede ser más o menos importante en función de la cantidad que se consume de forma habitual.

Características de la adicción

La característica principal de una adicción es que la persona adicta no se puede estar de consumir ese producto. Quien no es adicto a nada puede pensar: “No hay para tanto. Si lo único que debe hacer es no consumir eso y el problema está solucionado”. Pues sí, la solución es esta, no consumir más ese producto. Y parece una solución bastante sencilla, al menos en principio; porque cuando se quiere llevar la teoría a la práctica todo cambia, y lo hace de forma drástica.

¿Pero por qué resulta tan difícil llevar a la práctica dicha solución teórica? Pues porque la adicción, como se ha definido en un principio, produce una dependencia física o psicológica. Y esa dependencia precisamente es la que evita que se pueda solucionar el problema dejando de consumir. Porque lo que más cuesta es precisamente “dejarlo”. Este es el problema principal. La que podría ser la gran solución resulta, al mismo tiempo, que es el gran problema: dejar de consumir.

El síndrome de abstinencia

Si dejar de consumir la sustancia o cosa a la que una persona es adicta fuera tan fácil, las adicciones se curarían enseguida. Pero no es así. Porque cuando una persona deja de consumir no es que lo deje y ya está, no, no es así. Cuando se deja de consumir, al cabo de un tiempo aparece la peor pesadilla de una persona adicta: el síndrome de abstinencia. ¿Y qué es esto? Pues es lo que evita que se pueda dejar la adicción con facilidad. En otras palabras, el síndrome de abstinencia es un conjunto de reacciones, que pueden ser tanto físicas como mentales, que sufre la persona adicta cuando deja de consumir la cosa o la sustancia. Al parecer, los síntomas exactos varían en función de la sustancia o cosa de que se trate y del tiempo que haga que se consume.

Síntomas del síndrome de abstinencia

La mayor parte de personas adictas presentará, en primer lugar, un deseo irrefrenable de consumir esa cosa o sustancia. Además, puede presentar irritabilidad, cambios en el carácter, dificultad para concentrarse…

En función de la sustancia adictiva, los síntomas pueden ser:

  • Adicción al alcohol: escalofríos, temblor, debilidad, náuseas, cefalea, deshidratación…
  • -Adicción al tabaco (a la nicotina): irritabilidad, tensión, dolor de cabeza, problemas de concentración, aumento del apetito (con el efecto secundario de aumento de peso)…
  • Adicción a los narcóticos (morfina, heroína): respiración agitada, sudoración, sensación de alerta, hiperactividad, fiebre, aumento del ritmo cardíaco, pupilas dilatadas…
  • Adicción a los ansiolíticos: debilidad, malestar general, temblores, depresión, insomnio, delirio, alucinaciones…
  • Adicción a las anfetaminas: cansancio, somnolencia, inquietud, nerviosismo, depresión, delirios, alucinaciones…

Porque se produce el síndrome de abstinencia

El síndrome de abstinencia no se presenta porque sí, sino que tiene una explicación. Al parecer, los componentes que contienen ciertas sustancias como el alcohol o el tabaco actúan en el sistema nervioso, creando la dependencia hacia estas sustancias. El organismo se adapta a la presencia habitual de estas sustancias y cree que solo puede funcionar con normalidad con ellas, es decir, que cree que no puede estar sin ellas.

¿Se puede evitar que estas sustancias afecten al sistema nervioso de esta forma? Pues no. La única forma sería no empezar a consumir estas sustancias o cosas.

¿El síndrome de abstinencia tiene solución?

Si ya se ha empezado a consumir, existen tratamientos médicos que pueden facilitar el abandono de estas sustancias sin experimentar el síndrome de abstinencia. Estos tratamientos se basan, sobre todo, en terapia psicológica o en la ayuda de algunos fármacos y se llaman tratamientos de desintoxicación, cuya finalidad es que la persona se desintoxique (se desenganche) de aquella sustancia o cosa.

Conclusión

La mejor manera en que una persona puede evitar convertirse en adicta a una cosa o sustancia sería no empezar a consumirla o, si no es posible, consumirla en pequeñas dosis, en la menor dosis posible. Porque una vez se es una persona adicta, aunque se puede salir adelante, no siempre resulta sencillo. Y siempre dependerá de la cantidad de sustancia y del tiempo que haga que es una persona adicta.


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Las bibliotecas son tan importantes que deberían estar por todas partes, como las farmacias”.

Gloria Fuertes (1917-1998). Poetisa española.

Venganza

De la venganza se dice que es un plato que se sirve frío. Esta frase significa que si quieres vengarte es mejor no hacerlo enseguida, sino que debes prepararte la venganza con tiempo para poder realizarla bien.

Cabe decir que en esta publicación no se justifica la venganza, ni mucho menos, solo se comenta su existencia.

Subjetividad de la ofensa

La venganza no es más que la respuesta a una ofensa recibida, la cual ha sido percibida como tal por la persona que la ha recibido. Lo que no se sabe es si la otra persona, que ha realizado la supuesta ofensa, la ha percibido como tal. En muchas ocasiones tengo la sensación de que no es así, de que la persona que ha cometido la ofensa no se ha dado cuenta, o no ha querido darse cuenta, de que la ha cometido. Por ejemplo, cuando una persona comete acoso escolar sobre otra persona, a menudo ni se dará cuenta de que lo que está haciendo es ofender a la otra persona; quizás ella lo percibe como un simple juego o como una forma normal de comportarse. Insultar a aquella persona, hacerla quedar mal delante del resto de compañeros, quitarle el bocadillo, vejarla de diferentes maneras… Todo esto la persona agresora puede percibirlo como circunstancias normales dentro de las relaciones interpersonales.

Lo mismo podría decirse en el caso de agresiones, sean físicas o sexuales. El agresor quizás no es que no se dé cuenta, simplemente no piensa que lo que está haciendo está mal hecho.

¿Qué lleva a una persona a querer vengarse?

Aquí radicaría el quid de la cuestión. Porque no todas las personas que reciben una ofensa se vengan de la persona que las ofendió. Hay muchas que no hacen nada, ya sea porque no se atreven, por temor a represalias, por vergüenza a que otras personas se enteren… El resto de víctimas, las que sí se vengan, supongo que lo hacen porque en su interior no pueden soportar la ofensa recibida, es más fuerte el sentimiento de venganza. Faltaría saber si existe un prototipo de personas que suelen vengarse.

La venganza como solución

Sea como fuere, aunque a veces pueda parecerlo, la venganza no es la solución. Pero las personas que han sido ofendidas o agredidas pueden percibir la venganza como la única forma de reponerse del daño recibido.

En un primer momento, el simple hecho de pensar en la venganza y en los detalles de cómo llevarla a cabo, puede que calme de algún modo la sed de venganza. En muchas ocasiones, la situación no pasará de un pensamiento que nunca acabará llevándose a la práctica.

Vuelvo a repetir que la venganza nunca es la solución. Lo que hay que hacer es denunciar el daño recibido. Si se trata, por ejemplo, de acoso escolar, primero a la dirección del centro y si no se recibe el caso merecido, a otras instancias. Si se trata de acoso laboral, a la dirección de la empresa o a las personas que actualmente están designadas en todas las empresas para tales circunstancias. Si es una agresión física o sexual, a las autoridades policiales.

Pero, ¿y si la persona agredida percibe como única opción la venganza? Podría intentar mitigar ese impulso denunciando el acto. Y si no es suficiente, puede acudir a una persona experta en psicología y, a poder ser, especializada en estos temas, para que le ayude a gestionar la situación y los pensamientos de venganza.

La intencionalidad

La subjetividad, la percepción de la persona que se siente ofendida, puede ser muy distinta a la intencionalidad de quien ha ofendido. Puede darse el caso de que quien ha dicho o hecho aquello no tenía ni la menor intención de ofender. ¿Significa esto que la persona ofendida debe perdonar la ofensa y dejarlo estar? No siempre. Porque no siempre la intencionalidad influirá en la respuesta de la persona ofendida. Porque, por ejemplo, una agresión, aunque la intención no fuera agredir, no deja de ser una agresión. Todo esto queda en un segundo plano cuando la ofensa resulta verídica y objetiva.

Conclusión

En todos los casos de ofensa o agresión, el primer paso a seguir podría ser ponerse en manos de personas expertas que puedan ayudar.


Las bibliotecas públicas son espacios democráticos en los que se pueden nivelar las desigualdades”.

Irene Vallejo Moreu (nacida en 1979). Filóloga y escritora española.


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Hacer un favor

Hace tiempo leí una frase sobre el hecho de hacer un favor que me quedó grabada en la mente. Lo que no recuerdo es ni dónde la leí ni quién la había dicho o a quién se le atribuía. La frase en cuestión venía a decir que nunca debe hacerse un favor, ni siquiera a una amistad. Valga decir que se trata de una frase al menos un poco atrevida, la cual intentaré analizar a continuación.

Primeramente, la frase puede resultar extraña, dado que, en principio, siempre resulta agradable poder hacer un favor a una persona que lo necesita, quizás aún más si se trata de una amistad.

Tal vez la frase se refería a hacer un favor a alguna clase de personas. Si así era, quizás tenía razón. Porque, desgraciadamente, existen personas que más que decir que no se les debe hacer favores, habría que decir que quizá no se los merecen.

De caso aislado a costumbre

La frase quizás quería decir que si haces un favor a ciertas personas, estas tal vez se lo tomarán como una costumbre, más que como un caso aislado, que es lo que era en un principio. Y, a partir de ese momento, siempre que esa persona lo quiera o lo necesite, tendrás la obligación de hacerle un favor.

En este apartado existen dos grupos de personas:

  1. El primer grupo está formado por personas que te pedirán el favor de la forma más fría posible, sin darte ni las gracias, dado que, como he comentado, es tu obligación. Es como si desde ese maldito instante en que le hiciste el primer favor, aquella persona hubiera obtenido un derecho que le da permiso para pedirte favores, cómo y cuándo quiera.
  2. El segundo grupo de personas te pedirá el favor igualmente, pero al menos lo hará con cierta educación y gratitud. Te dirá frases como: «Esa vez me ayudaste mucho», «tú lo sabes hacer muy bien», «no sé qué haría sin ti», «es que en ti puedo confiar»… Al fin y al cabo, le acabas haciendo el mismo favor que a las personas del primer grupo, pero, al menos, te lo agradecen.

La costumbre de pedir

Existen algunos grupos de personas a los que puede resultar peligroso, por así decirlo, hacerles favores. Por ejemplo, existe la típica persona que va por el mundo pidiendo un favor, en forma de dinero, aunque a menudo en cantidades pequeñas, a casi todo el que se cruza en su camino. Son personas a las que todo el mundo conoce y está al corriente de esta costumbre. Lo que sucede es que ya te ha pedido en alguna ocasión y tú no le has querido dejar dinero; pero un día, quizás porque te ha hecho lástima, tal vez porque solo te ha pedido una pequeña cantidad, quizás porque… No sabes muy bien por qué razón, pero le acabas dejando esa pequeña cantidad. Conclusión: Ya la has pifiado. Basta con hacerlo una vez, una única vez, para pasar a formar parte del pequeño núcleo de personas que ya sabe que le pueden dejar dinero. Y una vez has pasado a formar parte de ese club resulta muy difícil salir de él. Basta con hacerlo una sola vez para verte “obligado”, a partir de ese momento, a hacerlo de vez en cuando, cuando esa persona quiera, porque ya te ha atrapado en su red de víctimas consumadas. Y para que le sigas dando, a menudo empleará alguna técnica, desde intentar encontrar un tema en común que os guste a ambos del que poder hablar, hasta decirte que te los devolverá en breve… Porque habría que tener presente que cuando he comentado que le “dejas” dinero, en realidad me refería a que le “das” dinero; porque ya puedes tener por seguro que ese dinero, poco o mucho, el que sea, ya no lo verás más. La falacia de que te lo devolverá te la puedes creer o no, esto ya forma parte de la inocencia de cada persona.

Y existe una cuestión que siempre me he preguntado, y es que no sé si estas personas realmente necesitan el dinero o si se trata de una costumbre que no pueden dejar de hacer, como si de una adicción se tratara.

Saber pedir un favor

Al contrario de las personas que forman parte de los grupos mencionados anteriormente, existen personas a las que les cuesta mucho pedir un favor. A veces es por vergüenza, en algunas ocasiones es por falta de confianza, a veces porque creen que solo las personas débiles piden favores, quizá sea porque no quieren reconocer que necesitan ayuda… Estas personas deberían aprender de aquellas. Las anteriores podrían dar clases de cómo hacerlo y estas tendrían la oportunidad de aprender de verdaderas personas expertas.

El resto de personas

Cabe decir que no todas las personas que nos encontraremos que nos soliciten un favor formarán parte de alguno de los grupos comentados. Existen personas que solo piden un favor cuando lo necesitan realmente. Y también existen personas que si les dejas dinero te lo devuelven. Quizás estas personas son la norma y los grupos comentados anteriormente son la excepción; al menos, me gustaría creer que es así.

Conclusión

Sería bueno que el hecho de que existan personas, conozcamos a pocas o muchas, que forman parte de los grupos comentados, no nos hiciera perder la ilusión de hacer un favor a una persona que lo necesita, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades, sean económicas, físicas o mentales.


Y tú, ¿qué piensas?

¿Conoces a personas como las descritas en la publicación?

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Una biblioteca no es un conjunto de libros leídos, sino una compañía, un refugio y un proyecto de vida”.

Arturo Pérez-Reverte (nacido en 1951). Escritor y periodista español.


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Tener suerte

Algunas definiciones de suerte son las siguientes:

1. Encadenamiento de sucesos considerado como fortuito en tanto que decide la condición buena o mala procedente a cada persona.

2. Buen o mal éxito en una cosa.

3. Azar al que se confía la decisión de algo.

4. Resultado positivo de un suceso poco probable.

5. Es lo que sucede más allá del control de una persona.

Algunos sinónimos de suerte son: Fortuna, azar, casualidad, destino, estrella…

De una forma más coloquial, podríamos decir que tener suerte es que las cosas salgan bien. Cuando una persona se dice que ha tenido buena suerte en una tarea, significa que le ha ido bien. Por el contrario, cuando se dice que una persona ha tenido mala suerte en una tarea, significa que ha salido mal. Así, la suerte puede ser buena o mala, en función de lo que suceda.

Que una persona haya tenido suerte en una cuestión no significa que tenga suerte siempre. Puede que tenga suerte en alguna o algunas circunstancias y no en el resto. Y viceversa, que una persona no tenga suerte en alguna o algunas situaciones, no quiere decir que siempre le salga todo mal. Pero a veces conocemos personas a las que casi todo les sale bien (consideradas personas afortunadas) y otras personas a las que casi todo les sale mal (consideradas personas gafes).

Hay quien afirma que la suerte se la busca o se la hace cada uno, lo que viene a decir que si te esfuerzas existen más probabilidades de que esa tarea te salga bien, es decir, que tengas buena suerte en esa circunstancia.

Visión subjetiva de la suerte

Pero, como sucede en tantas situaciones de la vida cotidiana, las cosas no suelen ser blancas o negras, sino que existen muchos matices. También respecto a la suerte. Aquello que para una persona puede suponer haber tenido mucha suerte, otra persona puede considerarlo solo un poco de suerte, o incluso un hecho normal. Por ejemplo, habrá quien si le toca la lotería, aunque sea una cantidad no muy grande, pensará que ha tenido suerte. En cambio, otra persona pensará que no es suerte porque solo habrá ganado un poco y la persona no se ha hecho rica.

Visión objetiva de la suerte

Para intentar medir si una circunstancia ha sido suerte o simplemente ha sido un resultado normal, entraría en juego la cuarta definición antes mencionada (resultado positivo de un suceso poco probable). Porque una aproximación racionalista a la suerte incluye la aplicación de las leyes de la probabilidad. Es decir, que quizá, si queremos basarnos en cuestiones científicas, deberíamos calcular la probabilidad de que ese suceso ocurra. Y si la probabilidad era baja o muy baja y, aun así, ese suceso ha ocurrido, significará que ha habido suerte. Pero ante todo deberíamos ponernos de acuerdo en fijar algunos parámetros, como, por ejemplo, a partir de qué número se considera baja una probabilidad.

La suerte y el destino

La suerte no existe solo en los juegos de azar, sino que puede aparecer (o no) en múltiples circunstancias de la vida. Por ejemplo, encontrar a una pareja con la que tengas mucha afinidad puede ser considerado como haber tenido suerte. En esta y otras circunstancias hay quien puede relacionar la suerte con el destino. Y aquí se mezclan ambas cuestiones. Habrá quien dirá que es suerte, otros dirán que ha sido el destino quien ha unido a esas dos personas.

Búsqueda de la suerte

La suerte la quiere todo el mundo, la busca todo el mundo. Por esta razón, desde tiempos inmemoriales las personas han intentado, mediante muchas y diversas formas, atraer a la suerte. Hay quien la busca cada semana jugando en alguno de los numerosos juegos de azar que existen. Porque siempre resulta agradable tener suerte.

Algunas otras formas conocidas son las siguientes:

1. Buscando un trébol de cuatro hojas.

2. Llevando encima una pata de conejo.

3. Colgando una herradura sobre la puerta.

4. Llevando siempre encima algún amuleto, es decir, un objeto que aquella persona considera (sin base científica alguna) que le proporciona suerte.

5. Volviendo a ponerse los mismos calcetines (u otra prenda) que llevaba puestos un día en que consideró que había tenido suerte.

La suerte en la historia

Desconozco cuándo apareció en la civilización el concepto de suerte. Quizá fue cuando un homínido primitivo se vio involucrado en un incidente peligroso del que salió ileso. Había tenido suerte.

Existen una serie de creencias espirituales sobre la suerte. Aunque varían mucho, la mayoría coincide en pensar que se puede influir en la suerte con medios espirituales, es decir, realizando ciertos rituales o evitando ciertas situaciones.

Algunas culturas y religiones ponen el énfasis en la habilidad de las personas para atraer la suerte por medio de rituales. Sin embargo, las religiones judía, cristiana y musulmana creen más en la voluntad de un ser supremo que en la suerte como principal influencia en los sucesos futuros.

La suerte en la psicología

En psicología se le llama suerte a todas aquellas cosas que no podemos predecir, explicar o controlar.

La suerte es una creencia del ser humano y como creencia, desde el punto de vista psicológico, no existiría la buena o mala suerte. Decimos que hemos tenido buena suerte cuando hemos obtenido el resultado deseado y mala suerte cuando no ha sido así.

Conclusión

El concepto de suerte está muy presente en nuestra cultura. Son frases utilizadas muy a menudo las siguientes: Qué suerte has tenido. Que tengas mucha suerte. ¿Has visto qué suerte tiene esa persona?

Y la búsqueda de la suerte, cada uno con los medios de que disponga, seguirá teniendo lugar por los siglos de los siglos.


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Un libro cerrado es solo un bloque de papel”.

Walter Benjamin (1892-1940). Filósofo y crítico literario alemán.


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