Se trata del estado de quien está solo, de quien vive solo o casi solo.
Casi todo el mundo tiene una idea de cómo es sentirse solo. A lo largo de nuestras vidas hemos sufrido la soledad en un momento u otro, quizás cuando hemos tenido que vivir lejos de nuestras familias por estudios, por motivos laborales, etc. Es un sentimiento que forma parte de la existencia humana, pero que si se cronifica puede tener repercusiones graves sobre la salud de las personas.
Desde la prehistoria, los seres humanos han vivido en grupo y eso nos ha ayudado a sobrevivir, a reproducirnos, a cuidarnos los unos a los otros. Es decir, que formamos parte de una especie social. Por eso, la soledad, sobre todo en períodos largos, puede generar cambios físicos y mentales que repercutan en la salud.
Pero esta soledad puede ser deseada o no deseada.

Soledad voluntaria o deseada
Cuando una persona elige estar sola y esta elección la realiza libremente, sin que su voluntad sea coartada, se trata de una soledad voluntaria o deseada. Pero, ¿qué puede llevar a una persona a querer estar sola? Pueden existir muchas opciones. Aunque tal vez habría que diferenciar entre una persona que quiere estar sola durante un tiempo y una persona que quiere vivir en soledad.
Soledad deseada temporal. Una persona puede querer estar sola durante un tiempo por múltiples razones. Puede que no se sienta bien, puede estar estresada, tal vez quiere poner en orden sus pensamientos, puede que, simplemente, sienta la necesidad de estar un rato sola.
Soledad deseada no temporal. Existen personas que deciden, de manera libre, estar solas, no formar parte de la sociedad, vivir al margen de esta. Son personas que deciden ir a vivir a lugares remotos donde el contacto con otros seres humanos es escaso o nulo. Allí viven de lo que les proporciona la naturaleza (caza, animales, cultivos…). Estas personas pueden vivir solas y no sentir soledad no deseada, ya que pueden preferir estar solas y elegir la soledad como su proyecto de vida.
Soledad involuntaria o no deseada
Es un sentimiento subjetivo y no deseado de falta o de pérdida de compañía. Sucede cuando se produce un desajuste o desequilibrio entre la cantidad y la calidad de las relaciones sociales que tenemos y las que queremos. Al tratarse de un sentimiento subjetivo, también se conoce como soledad emocional.
La soledad no deseada es entendida, desde una perspectiva más psicológica y cognitiva, como un sentimiento subjetivo de discrepancia entre las relaciones sociales que tiene la persona y las que le gustaría tener.
No es el resultado directo de la ausencia de relaciones, sino la consecuencia de los sentimientos de insatisfacción con las relaciones sociales existentes o la ausencia de estas.
Esta es la peor clase de soledad. Se trata de una circunstancia social que, desafortunadamente, se convierte en un problema que cada día afecta a más personas. Además del coste personal, también conlleva un alto coste social y sanitario. Por lo tanto, debería ser una prioridad social y se deberían dedicar recursos públicos.
Existen estudios científicos que muestran que la soledad está relacionada con un estado de salud peor y que esta relación varía según la edad. Se observó que el impacto de la soledad en la salud era más fuerte en personas jóvenes. La explicación puede ser que la soledad en edades tempranas es menos esperada y las personas jóvenes están menos preparadas para afrontarla. En cambio, las personas adultas tienen más probabilidades de sufrir soledad, ya sea por la viudez, la jubilación, la pérdida gradual del entorno social… y están más preparadas.
La soledad no deseada es prevalente entre la gente mayor, agravada por factores demográficos como el envejecimiento de la población y la feminización de la longevidad.
Hay personas que pueden vivir acompañadas, como algunas personas mayores institucionalizadas en residencias, pero padecen soledad no deseada. Por lo tanto, es un sentimiento subjetivo, no deseado e independiente de la compañía. Así pues, la percepción de soledad no deseada depende de la calidad subjetiva e intrínseca de las relaciones de cada uno.
Prevalencia de la soledad no deseada en personas mayores
La soledad no deseada es un problema cada vez más frecuente, hasta el punto de que se habla de ella como de la epidemia silenciosa del siglo XXI.
Hay muchos factores que hacen que aumente cada vez más:
- El envejecimiento progresivo de la población a causa del aumento de la esperanza de vida.
- La pérdida de seres queridos.
- El descenso de la natalidad. Un menor número de hijos provoca una disminución del número de personas que pueden cuidar a sus padres en caso de estar solos.
- El aumento del número de hogares unipersonales, por los cambios en los modelos de familia.
- La dispersión geográfica, que distancia cada vez más a las familias.
Problemas de salud
Entre los problemas de salud más frecuentes que pueden darse a partir de la soledad no deseada, destacan los siguientes:
- Alteraciones en la calidad del sueño.
- Inmunidad disminuida.
- Problemas cardiovasculares.
- Depresión.
- Síndrome metabólico.
- Disminución del control de impulsos.
- Alcoholismo.
- Deterioro cognitivo.
Factores protectores y factores de riesgo para la soledad
Entre los factores que nos pueden proteger ante la soledad, hay los siguientes:
- Tener pareja.
- Vivir en compañía.
- Tener un nivel educativo alto.
- Tener un nivel socioeconómico medio-alto.
- Tener una red social satisfactoria que proporcione apoyo social.
En cambio, entre los factores de riesgo ante la soledad destacan los siguientes:
- La discapacidad.
- La insatisfacción con las circunstancias de vida.
- El exceso de trabajo crónico.
- El estrés social.
- No lograr sobreponerse a eventos vitales como conflictos familiares o maritales, divorcio, viudez, enfermedades crónicas o problemas mentales (depresión, ansiedad, demencia, etc.).
- Poca participación social.
- Relaciones sociales poco satisfactorias.
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