De la venganza se dice que es un plato que se sirve frío. Esta frase significa que si quieres vengarte es mejor no hacerlo enseguida, sino que debes prepararte la venganza con tiempo para poder realizarla bien.
Cabe decir que en esta publicación no se justifica la venganza, ni mucho menos, solo se comenta su existencia.
Subjetividad de la ofensa
La venganza no es más que la respuesta a una ofensa recibida, la cual ha sido percibida como tal por la persona que la ha recibido. Lo que no se sabe es si la otra persona, que ha realizado la supuesta ofensa, la ha percibido como tal. En muchas ocasiones tengo la sensación de que no es así, de que la persona que ha cometido la ofensa no se ha dado cuenta, o no ha querido darse cuenta, de que la ha cometido. Por ejemplo, cuando una persona comete acoso escolar sobre otra persona, a menudo ni se dará cuenta de que lo que está haciendo es ofender a la otra persona; quizás ella lo percibe como un simple juego o como una forma normal de comportarse. Insultar a aquella persona, hacerla quedar mal delante del resto de compañeros, quitarle el bocadillo, vejarla de diferentes maneras… Todo esto la persona agresora puede percibirlo como circunstancias normales dentro de las relaciones interpersonales.
Lo mismo podría decirse en el caso de agresiones, sean físicas o sexuales. El agresor quizás no es que no se dé cuenta, simplemente no piensa que lo que está haciendo está mal hecho.

¿Qué lleva a una persona a querer vengarse?
Aquí radicaría el quid de la cuestión. Porque no todas las personas que reciben una ofensa se vengan de la persona que las ofendió. Hay muchas que no hacen nada, ya sea porque no se atreven, por temor a represalias, por vergüenza a que otras personas se enteren… El resto de víctimas, las que sí se vengan, supongo que lo hacen porque en su interior no pueden soportar la ofensa recibida, es más fuerte el sentimiento de venganza. Faltaría saber si existe un prototipo de personas que suelen vengarse.
La venganza como solución
Sea como fuere, aunque a veces pueda parecerlo, la venganza no es la solución. Pero las personas que han sido ofendidas o agredidas pueden percibir la venganza como la única forma de reponerse del daño recibido.
En un primer momento, el simple hecho de pensar en la venganza y en los detalles de cómo llevarla a cabo, puede que calme de algún modo la sed de venganza. En muchas ocasiones, la situación no pasará de un pensamiento que nunca acabará llevándose a la práctica.
Vuelvo a repetir que la venganza nunca es la solución. Lo que hay que hacer es denunciar el daño recibido. Si se trata, por ejemplo, de acoso escolar, primero a la dirección del centro y si no se recibe el caso merecido, a otras instancias. Si se trata de acoso laboral, a la dirección de la empresa o a las personas que actualmente están designadas en todas las empresas para tales circunstancias. Si es una agresión física o sexual, a las autoridades policiales.
Pero, ¿y si la persona agredida percibe como única opción la venganza? Podría intentar mitigar ese impulso denunciando el acto. Y si no es suficiente, puede acudir a una persona experta en psicología y, a poder ser, especializada en estos temas, para que le ayude a gestionar la situación y los pensamientos de venganza.
La intencionalidad
La subjetividad, la percepción de la persona que se siente ofendida, puede ser muy distinta a la intencionalidad de quien ha ofendido. Puede darse el caso de que quien ha dicho o hecho aquello no tenía ni la menor intención de ofender. ¿Significa esto que la persona ofendida debe perdonar la ofensa y dejarlo estar? No siempre. Porque no siempre la intencionalidad influirá en la respuesta de la persona ofendida. Porque, por ejemplo, una agresión, aunque la intención no fuera agredir, no deja de ser una agresión. Todo esto queda en un segundo plano cuando la ofensa resulta verídica y objetiva.
Conclusión
En todos los casos de ofensa o agresión, el primer paso a seguir podría ser ponerse en manos de personas expertas que puedan ayudar.
“Las bibliotecas públicas son espacios democráticos en los que se pueden nivelar las desigualdades”.
Irene Vallejo Moreu (nacida en 1979). Filóloga y escritora española.
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