Pedir perdón

Esta frase podría estar, de alguna manera, relacionada con la Reflexión titulada “Dar las gracias”. Las dos, según algunas personas, en la actualidad podrían encontrarse en peligro de extinción.

La idea de escribir una Reflexión sobre el hecho de pedir perdón surgió mientras redactaba la publicación titulada “Dar las gracias”; la lectura de la cual recomiendo. Fue fruto de una tendencia a la asociación, que se puede aplicar tanto a expresiones, como objetos, personas, situaciones… Esta tendencia puede resultar útil en algunas ocasiones, pero también puede llevar a confusiones en otras.

Algunas expresiones sencillas utilizadas para pedir perdón pueden ser: “Lo siento”, “disculpa”, “te pido perdón”, “perdona”, “perdonen” o, simplemente, “perdón”. Pero, antes de nada, habría que saber qué quiere decir pedir perdón. Según la Real Academia Española de la Lengua (RAE), perdón es la acción de perdonar y perdonar es remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa o eximir a alguien de la obligación que tiene. Por consiguiente, pedir perdón sería querer que no se nos castigue por aquello que hemos hecho mal.

Una cuestión similar sería disculparse, pero, según los expertos, existe una diferencia destacable entre las dos. Disculparse significa dar razones o pruebas que descarguen de la culpa, es decir, sacarnos la culpa, mostrar que no se tenía la culpa; ya fuera porque había sido un hecho involuntario o porque la culpable era otra persona. En cambio, perdonar viene del latín y está formado por el prefijo per (que indica una acción total) y el verbo donare (que quiere decir regalar o dar). Por lo tanto, perdonar querría decir dar totalmente. Resumiendo, pedir perdón es reconocer una deuda, una culpa, y esperar que te regalen aquello que tienes que volver.

Visto así, no es de extrañar que a algunas personas les cueste tanto pedir perdón, dado que, de manera implícita, esta solicitud incluye el hecho de asumir que se ha tenido la culpa. Y esto de reconocer que se es culpable… Eso sí que le cuesta a la especie humana. Pero también hay que tener en cuenta que no todo el mundo es sabedor de esta diferencia, es decir, que cuando se pide perdón no se acostumbra a tener presente todo esto.

De manera breve, la culpa se puede definir como una experiencia desagradable que se siente al romper las reglas (culturales, religiosas, etc.). También como un estado afectivo en que la persona experimenta conflicto por haber hecho algo que piensa que no tendría que haber hecho (o por no haber hecho algo que piensa que sí que tendría que haber hecho). Dado que la culpa se considera un concepto propio de la cultura judeocristiana, también se puede hablar de responsabilidad.

Desde el punto de vista de la asunción de la culpa o responsabilidad, podríamos distinguir cuatro posibilidades:

  1. No pedir perdón porque se piensa que no se tiene la culpa. Faltaría saber si se tiene razón o se trata de un pensamiento erróneo.
  2. No pedir perdón, aunque se sepa que se tiene la culpa. Sería la forma de actuar más poco lógica.
  3. Pedir perdón, a pesar de ser consciente de que no se tiene la culpa. Se da cuando se intenta expresar disculpa en general, por ejemplo, cuando se interrumpe un discurso o si se topa con alguien en la calle sin querer.
  4. Pedir perdón sabiendo que se es culpable. Parece la actuación más lógica.

Pedir perdón se suele asociar a la humildad para reconocer que se ha cometido un error y a que la persona muestra intención de rectificar o compensar, de alguna manera, este error.

En Psicología, se valora tanto el hecho de pedir perdón (que no siempre implica que el ofensor no tenga que compensar de alguna manera su error) como la capacidad de saber perdonar, que estaría relacionada con la empatía, la compasión y la redención. El perdón puede servir al ofensor para liberarse de la culpa y a la persona ofendida para liberarse de posibles sentimientos de rencor.

Pero ¿por qué muchas veces no se pide perdón? A continuación, se mencionan varias hipótesis:

  • Porque se considere que puede hacer perder poder o estatus. Algunas personas se lo toman como una especie de humillación pública, porque representa tener que reconocer que se han equivocado.
  • Porque supone una pérdida de autoestima, al reconocer que se obró mal y, quizás, se causó un daño.
  • Por temer que se le pida una compensación.

De seguro que existen otras justificaciones.

Sea como fuere, de la misma manera como se comentó en la Reflexión “Dar las gracias”, es importante que la demanda de perdón sea sincera y espontánea, no solo una fórmula automática para intentar evitar responsabilidades.

Una cuestión aparte sería conocer las motivaciones que llevan a ciertas personalidades, por ejemplo, del mundo de la política, a no expresar muy a menudo el perdón, y todavía menos de manera pública.


“Los libros son las abejas que llevan el polen de una inteligencia a otra”.

James Russell Lowell  (1819-1891). Poeta, crítico, editor y diplomático norteamericano.


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