Si buscamos en algún diccionario (en papel o por internet), la primera acepción de la palabra «inspiración» suele ser la siguiente: «Proceso por el que se introduce aire desde un medio exterior a los pulmones». Pero en esta publicación no voy a referirme a esta primera acepción, sino a una segunda, que dice así: “Estado del artista que le proporciona el estímulo para la creación o composición de obras de arte”. Pero todavía me ha parecido más adecuada la siguiente definición: Estímulo o lucidez repentina que siente una persona y que favorece la creatividad, la búsqueda de soluciones a un problema, la concepción de ideas que permiten emprender un proyecto, etc., especialmente la que siente el artista y que impulsa la creación de obras de arte.
La segunda definición de la segunda acepción me ha parecido suficientemente completa para dedicarle un breve análisis, que realizaré en fragmentos:
1. Se define como un estímulo, entendido como cualquier factor que puede desencadenar un cambio. Traducido a palabras mundanas, vendría a ser como una sensación… La verdad es que cuesta un poco explicarlo con palabras.
2. Se menciona la lucidez, que en sentido figurado sería comprender las cosas con una claridad extraordinaria.
3. Se dice que es repentina, es decir, que aparece en cualquier momento, sobre todo cuando menos te la esperas. A este aspecto me referiré más tarde.
4. Que siente una persona. Si se pudiera, habría que cuestionar a los animales para saber si también les aparece la inspiración, aunque sea de vez en cuando.
5. Favorece la creatividad. De eso no me cabe duda.
6. También favorece la búsqueda de soluciones a un problema. ¿A quién no le ha venido, de repente, en alguna ocasión, la solución a un problema que no sabía cómo resolver?

¿Cuándo aparece la inspiración?
Existen otros aspectos relacionados con la inspiración que no contienen sus definiciones. Cuando se refieren a que la inspiración aparece de forma repentina, no se comenta cuándo, exactamente, pero se trata de una cuestión significativa, al menos, en mi opinión.
Porque la inspiración no suele aparecer cuando más la necesitas, al contrario, a menudo aparece cuando estás haciendo alguna otra tarea y no puedes distraerte. Por ejemplo, puede aparecer cuando estás en la cama a punto de dormirte. Y entonces te surge una duda. ¿Qué hago? Y solo existen dos opciones.
La primera opción consiste en intentar dormir. Se trataría de la mejor opción para la salud. Pero casi siempre que la eliges es porque tienes el convencimiento de que al día siguiente, cuando te despiertes, recordarás la idea, sin ningún problema. Se trata de un grave error, porque existe una probabilidad muy elevada de que al día siguiente no la recuerdes. Y entonces te arrepentirás de haber preferido dormir.
La segunda opción consiste en levantarte de la cama, encender la luz y apuntar la idea. Pero esta alternativa no carece de inconveniente, porque será muy probable que te desveles y te cueste dormirte. Y al día siguiente por la mañana sufrirás la misma sensación que si hubieras elegido la primera opción, es decir, te arrepentirás, en esta ocasión de haberte levantado a apuntar esa idea. Que quizás era una idea genial, pero que hará que estés todo el día somnoliento.
La inspiración en la Antigüedad
En la Antigüedad se creía que la inspiración era el proceso por el que la divinidad entraba en contacto con el artista, sea a través de entidades específicas, como las musas, a través de una revelación o bien en un estado hipnótico, de locura o arrebato donde el artista puede captar el otro mundo.
Esta inspiración permitía alcanzar la originalidad, la belleza en la expresión, la conexión entre realidades que antes no se habían juntado o que estaban ocultas.
La inspiración según la Psicología
La psicología moderna considera que la inspiración es el uso de ideas que proceden del inconsciente y de la experiencia previa, es decir, del interior del sujeto y no de un ser divino ajeno.
La inspiración según la Literatura
En literatura, la inspiración es una cualidad bastante interesante y se ubica entre las básicas en la construcción de un poema. Sería la idea luminosa, aquella que los autores de cómics representarían por medio de una bombilla encendida.
Hay quien la asocia con Dios, que guía la mano del artista. Hay quien cree que la obra artística es fruto del trabajo y no es deudora de tan intangible cualidad. De hecho, el debate, a pesar de ser abierto por el romanticismo, está todavía vigente.
Las musas
La palabra “musas” proviene del griego antiguo Μοῦσαι, en singular, Μοῦσα. También recibieron el nombre de “Heliconíadas”.
Las musas o heliconíadas son en la mitología griega las divinidades que inspiran las artes. Son hermanas entre sí. Al principio, eran tres. Al final, el número de musas se estableció en nueve, cada una de las cuales inspiraba y protegía un género distinto. Y de las nueve musas tradicionales emergieron las distintas clasificaciones de las artes.
Las nueve musas canónicas son:
- Calíope. Musa de la poesía épica.
- Clio. Musa de la historia.
- Érato. Musa de la poesía lírica.
- Euterpe. Musa de la música.
- Melpómeno. Musa de la tragedia.
- Polimnia. Musa de los himnos y la geometría.
- Talía. Musa de la comedia.
- Terpsícore. Musa del baile.
- Urania. Musa de la astronomía.
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“El libro no es solo palabras o figuras sobre papel, sino todo lo que yo imagino mientras leo”.
Jostein Gaarder (nacido en 1952). Escritor noruego