De forma simple, se podría decir que la ignorancia consiste en no saber o no conocer algo. Pero la realidad es que va más allá, mucho más allá.
Las decisiones que se toman desde una ignorancia no reconocida suelen ser erróneas y pueden provocar efectos negativos para las personas. Porque todavía existe algo peor que la ignorancia, es no reconocer la propia ignorancia. Me refiero, sobre todo, a la ignorancia en un determinado tema. Porque todas las personas son ignorantes en alguno o algunos temas. No hay nadie que sepa de todo. Un gran problema es no admitirlo, o no querer admitirlo. Sin embargo, admitirlo es una gran virtud que puede llegar a evitar muchos problemas.

Frases sobre la ignorancia
Existen muchas frases célebres sobre la ignorancia. Por ejemplo, suele decirse que “la ignorancia engendra más confianza que el conocimiento”. Otro ejemplo es la frase de Aristóteles: «El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona». Estas frases muestran la peligrosidad de la ignorancia no reconocida. Faltaría saber si no se reconoce porque no quiere reconocerse o no es así.
Una frase muy vehemente es la siguiente: «En Egipto, a las bibliotecas se las llamaba el tesoro de los remedios del alma. En efecto, curábase en ellas de la ignorancia, la más peligrosa de las enfermedades y el origen de todas las demás». Esta frase la dijo Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704), filósofo e intelectual francés.
Si una persona no sabe que es ignorante en un tema, será porque se piensa que sabe mucho de ese tema y, si es así, cuando tenga que tomar una decisión sobre aquella temática no pedirá ayuda a nadie, dado que piensa que sabe. En cambio, cuando una persona sabe o reconoce que ignora muchas cuestiones de un determinado tema, cuando tenga que tomar una decisión relacionada con ese tema, en la mayoría de ocasiones buscará asesoramiento experto. Aquí radica la importancia de reconocer o no la ignorancia en un tema determinado.
Pero la frase más popular sobre la ignorancia, aunque no la cita de forma textual, debe ser la de Sócrates: “Solo sé que no sé nada”. Aceptando que nada sabe, está aceptando que posee ignorancia. Aunque la frase es absolutamente exagerada, se entiende lo que quería decir, el énfasis que quería poner en que todo el mundo es ignorante en muchas materias y que debemos asumirlo. No pasa nada por asumir que no se sabe algo. Y esto lleva a aceptar la ayuda de otras personas que saben más que nosotros de ese tema.
La tecnología y la ignorancia
Vivimos en una era en la que tenemos todo el conocimiento en nuestras manos. En Internet tenemos toda la información que necesitamos e incluso más. O esto es lo que parece y lo que podría llevarnos a creer que no necesitamos ayuda para nada, porque tenemos todo el conocimiento a nuestro alcance. Pero no basta con tener al alcance todo el conocimiento, porque este conocimiento debe aprenderse, interiorizarse, ponerse en práctica… Leyendo un manual de internet sobre mecánica no nos convertiremos, de la noche a la mañana, en una persona experta en mecánica. No es tan sencillo. Para ser expertas en la materia, además de leer mucho sobre esta cuestión, deberemos, por ejemplo, practicar mucho. No es lo mismo leerlo y creer que lo hemos entendido, que ponerlo en práctica.
Además, debemos tener presente que todo lo que hay en internet no tiene por qué ser verdad. Lo que leemos en las páginas web y en las redes sociales puede ser verdad o puede ser mentira. Antes de dar como verdadero lo que estás leyendo, deberías pasarlo, entre otros, por el cedazo de la lógica. Y también debería intentarse contrastar. No solo las personas que trabajan informando, sino también el resto de personas que leemos por internet, deberíamos tener presente que la base para saber si cualquier información es real es, ante todo, intentar contrastarla. Esta es la única manera de no fomentar mentiras, de no dar alas a informaciones no reales.
La facilidad con la que, hoy en día, se puede divulgar información por internet, es mucho mayor de la que podía difundirse hace algunos años. Y esta herramienta, que, en principio, puede dar la sensación de ser una herramienta democrática, dado que casi todo el mundo tiene acceso a internet, al fin y al cabo, no lo es. Porque en la realidad no todas las informaciones son igualmente válidas. Las informaciones contrastadas, que poseen datos verificables y que son fruto de un análisis crítico, resultan mucho más valiosas que aquellas informaciones no contrastadas, superficiales y que no son fruto de ningún tipo de análisis crítico.
Ignorancia supina
La ignorancia es aún más grave cuando esta puede calificarse como supina, es decir, que procede de negligencia al aprender o inquirir lo que se puede y debería saberse. Es decir, que se trata de una ignorancia fruto de la falta de interés por aprender, cuando se ha tenido poco o nada de interés por eliminar la ignorancia.
Conclusión
La mejor noticia sobre la ignorancia es que tiene cura. Y esta no es otra que intentar aprender. Sin embargo, incluso cuando no podemos aprender, tenemos otra herramienta a nuestro alcance que es la contrastación de la información para saber si es verdadera.
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Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704). Filósofo e intelectual francés