La depresión es un trastorno de salud mental frecuente que se caracteriza por la presencia de tristeza persistente. Cuando una persona está deprimida, se siente incapaz de realizar las tareas más sencillas y cotidianas y pierde el interés por las actividades con las que antes disfrutaba. Todo esto comporta una sensación importante de angustia.
Se calcula que en todo el mundo el 5% de adultos sufre esta enfermedad.
La depresión puede manifestarse en cualquier edad y es más frecuente en las mujeres que en los hombres.
Se manifiesta de forma diferente en cada persona y puede tener distintos niveles de gravedad.
Es una enfermedad y no debe interpretarse como un signo de debilidad.
La depresión es una enfermedad muy frecuente que provoca una alta discapacidad y un fuerte impacto social. Quien la sufre es todavía víctima de una fuerte estigmatización, lo que hace que, incluso en los países desarrollados, más de la mitad de las personas que la tienen no sean diagnosticadas ni tratadas. Por tanto, es necesario mejorar el reconocimiento social de esta enfermedad para facilitar el acceso al tratamiento.

No debe confundirse este trastorno con las variaciones habituales del estado de ánimo y las respuestas emocionales breves a los problemas de la vida cotidiana. La tristeza o preocupaciones ante las situaciones adversas o complicadas forman parte de la normalidad, y su presencia no constituye un trastorno depresivo. Pero en ocasiones estos sentimientos no desaparecen y se acompañan de otros síntomas que provocan malestar o dificultades para desarrollar la vida cotidiana. Es entonces cuando podemos estar frente a un trastorno denominado depresión.
La depresión puede convertirse en un problema de salud importante cuando es de larga duración e intensidad e impide realizar las actividades habituales de la persona en todos sus ámbitos. Puede llegar a hacerse crónica, cuando no mejora con el tiempo, o recurrente, cuando los episodios se repiten; y puede dificultar el funcionamiento en casa, en el trabajo o en la escuela y la capacidad para afrontar la vida diaria. En su forma más grave, puede conducir al suicidio.
La depresión puede desencadenarse por determinadas circunstancias, aunque en ocasiones se produce sin causa aparente.
Es el resultado de las interacciones complejas entre factores biológicos (neuroquímicos, genéticos, hormonales, de salud), psicológicos (eventos traumáticos en la infancia o en la edad adulta, situaciones adversas y estresantes) y sociales (como el aislamiento social o la falta de recursos).
Existen varios tipos de depresiones que pueden ser provocadas por diversas causas.
Genéticas
Hablamos de depresión de origen genético cuando existe una predisposición hereditaria a sufrir una deficiencia de neurotransmisores cerebrales, especialmente de serotonina y dopamina, que son las llamadas hormonas del placer por su efecto positivo en el estado de ánimo.
Enfermedades hormonales
Las enfermedades hormonales u otros trastornos orgánicos pueden provocar alteraciones en los neurotransmisores.
Factores psicológicos
La baja autoestima, un pensamiento distorsionado, que solo tiene en cuenta los estímulos negativos, y otros problemas psicológicos pueden motivar la aparición de algunos tipos de depresión.
Y, por último, existen factores del entorno que también pueden actuar como desencadenantes de la depresión.
Síntomas de la depresión
Los síntomas más habituales son bajo estado de ánimo, tristeza o sentimiento de desesperanza y pérdida de interés por las actividades de las que antes se gozaba.
Las personas con trastornos depresivos no manifiestan todos los mismos síntomas. La gravedad, frecuencia y duración de los síntomas pueden variar según la persona y su trastorno en particular, y pueden expresarse de manera diferente según el contexto cultural.
Hay varias señales que pueden indicarnos la presencia de una depresión y pueden ayudarnos a diferenciarla de otros estados anímicos comunes. El sentimiento de tristeza es diferente a lo que hemos sentido en otros momentos, y no se trata de una situación pasajera, ya que no mejora a lo largo del tiempo.
Principales síntomas de la depresión
Son los siguientes:
- Tristeza inusual y persistente, y tendencia al llanto frente a situaciones que habitualmente no provocarían esta respuesta.
- Pérdida de interés o placer en las actividades que habitualmente se disfrutaban.
- Sentimientos de inutilidad, desprecio a uno mismo y culpa.
- Dificultad para pensar y concentrarse, y problemas de memoria y atención.
- Irritabilidad, ansiedad.
- Malestar general, sensación de cansancio y falta de energía.
- Dolores o malestar, dolores de cabeza o problemas digestivos.
- Dificultad para conciliar el sueño o exceso de sueño.
- Cambios en el apetito (comer más o menos cantidad de lo habitual).
Existen una serie de síntomas que pueden considerarse señales de alarma, que pueden alertar de que la depresión es más grave. Cuando aparecen, es necesario consultar lo antes posible a un profesional de la salud para valorar las alternativas de tratamiento.
Estas señales de alarma son las siguientes:
- No querer salir de casa o incluso no poder levantarse de la cama.
- No poder realizar las actividades cotidianas (higiene, alimentación, obligaciones familiares…).
- Desesperanza, creer que la situación por la que se está pasando no tiene solución, que nada puede hacerse para mejorarla.
- Inhibición psicomotriz: dificultad para moverse y para hablar, sensación de pensar con mayor lentitud y que la voz suena monótona, lenta y apagada.
- Pensamientos de muerte o intentos de suicidio.
Diagnóstico de la depresión
El diagnóstico de la depresión incluye la historia clínica completa, entrevista psiquiátrica y examen físico.
Para diagnosticar la depresión, es necesario realizar una exhaustiva historia clínica y una exploración psicopatológica en la que se identifiquen varios síntomas durante al menos dos semanas y que estos no sean el resultado de una enfermedad psiquiátrica, consumo de tóxicos o reacción de duelo.
Para realizar este diagnóstico es necesario que el trastorno interfiera negativamente en las diferentes áreas de la vida del paciente.
Tratamiento de la depresión
El encargado de determinar cuál es el mejor procedimiento en cada caso es el/la profesional de la psiquiatría, quien evaluará al paciente y prescribirá, en su caso, el tratamiento más adecuado.
El tratamiento varía en función de cada caso concreto, del grado de intensidad de la enfermedad y de las preferencias de la persona que la padece.
El objetivo principal del tratamiento es conseguir la remisión de los síntomas y que la persona consiga la recuperación de su funcionamiento en los distintos ámbitos de la vida: familiar, social y laboral o educativo.
Existen diferentes abordajes en el ámbito psicológico, psicosocial y médico, y tratamientos eficaces para la depresión leve, moderada y grave. El tratamiento debe individualizarse según la edad y las necesidades de cada persona. Si es leve, la depresión puede tratarse sin recurrir a medicamentos, pero cuando tiene carácter moderado o grave se pueden necesitar otro tipo de intervenciones, incluyendo la hospitalización en casos muy severos.
Tratamiento con fármacos
El tratamiento con fármacos antidepresivos se recomienda especialmente en casos de depresión moderada o grave. Algunos de los fármacos antidepresivos más utilizados son los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS), como la fluoxetina, la sertralina, el citalopram o el escitalopram, así como los antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina y noradrenalina (ISRS), como la venlafaxina y la duloxetina, o los antidepresivos tricíclicos, como la clomipramina.
En el caso de niños y adolescentes, los únicos fármacos antidepresivos recomendables en el tratamiento inicial de la depresión son los inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS); entre ellos, la fluoxetina es el fármaco con más ensayos clínicos que apoyan su uso en pacientes a partir de los 8 años.
El papel de la familia para salir de la depresión
En muchas ocasiones ocurre que la persona afectada no es capaz de detectar la gravedad de su propio estado, por lo que son la familia y el entorno más cercano los más idóneos para darse cuenta de los signos de alarma y convencer a la persona de pedir ayuda profesional.
Conclusión
La depresión es una enfermedad lo suficientemente importante para pedir ayuda tan pronto se sospeche que se sufre. A menudo, serán los familiares los que se den cuenta y quienes tendrán que convencer a la persona con depresión para que pida ayuda.
Además, es necesario ponerse en manos expertas, que indicarán cuál es el mejor tratamiento, en función de varias variables y de si se trata de una depresión leve, moderada o grave.
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«Un libro, como un viaje, comienza con inquietud y se termina con melancolía”.
José Vasconcelos (1882-1959). Abogado, político y escritor mexicano.