La indecisión es la dificultad persistente para elegir entre opciones razonables.
Es la carencia de determinación o capacidad para optar entre diversas alternativas, caracterizada por la duda, la inseguridad y la vacilación, sobre todo ante situaciones conflictivas. Es decir, que cuanto más importante es la decisión a tomar, más indecisa se encuentra la persona.
Es un estado psicológico que lleva a la paralización de la elección de la persona, dado que la vida es decisión. Durante nuestra vida debemos tomar miles de decisiones, algunas más banales, otras más importantes, y la indecisión puede paralizarlo todo; incluso puede reflejar una inseguridad patológica.
A menudo, el miedo a equivocarnos puede ser muy intenso. Nos puede aterrorizar tomar una decisión porque tememos darnos cuenta posteriormente de que podría no ser la idónea.
Cuando las personas sentimos esta inquietud ante los posibles errores, podemos sentirnos bloqueados, en blanco, como en un punto perdido en el espacio-tiempo del que no podemos movernos. Y el hecho de sentirse atascado en ese momento puede generar mucha frustración.
La indecisión hace que no avancemos, pero no porque no queramos resolver la cuestión, sino porque tenemos miedo de no resolverlo de la forma adecuada.

Proceso de decisión
El proceso de toma de decisiones aparece cuando nos encontramos ante una situación en la que existen diferentes opciones. Todas ellas tienen relación con lo que va a pasar más allá del momento de decidir, y contienen la inquietud de no querer equivocarse.
Por desgracia, no tenemos la posibilidad de ver, para cada decisión que tomamos, cómo nos habría ido si hubiéramos optado por otra de las posibilidades. Por tanto, nuestro máximo temor es que en algún momento del futuro podamos imaginar que no tomamos la mejor decisión y que una de las otras alternativas habría cambiado por completo el transcurso de los acontecimientos. Pero, en realidad, solo podemos imaginarlo, porque nunca podremos estar seguros de que esa opción alternativa habría sido tan buena como imaginamos.
Cuando estamos indecisos, podemos notar:
- Dificultad para pensar en otra cosa. No paramos de darle vueltas al tema que nos preocupa.
- Pensamiento de extremos. Podemos estar indecisos entre dos opciones muy opuestas.
- Cambios de opinión frecuentes. No podemos decidir y vamos dando vueltas de una posible elección a otra.
- Sentir un miedo muy fuerte a equivocarnos.
- Considerar que podemos decepcionar a alguien. Si no decidimos bien.
Causas de la indecisión
La causa más frecuente podría ser que sentimos la necesidad de obtener la aprobación de los demás, normalmente de alguien cercano en concreto.
Puede darse el caso de personas que no son siempre indecisas, sino que solo lo son en momentos puntuales, quizás cuando sienten que son puestas a prueba, o que se está esperando mucho de ellas. Es en estos momentos importantes en los que, de algún modo, la persona se bloquea y le resulta imposible tomar una decisión.
Principales causas que dificultan tomar decisiones
- Perfeccionismo. Buscar siempre la opción óptima.
- Incapacidad para tolerar la incertidumbre.
- Aversión a la pérdida y arrepentimiento.
- Sobrecarga de información.
- Fatiga decisoria. Después de demasiadas decisiones.
- Autoeficacia baja. Dudar de la propia capacidad.
- Miedo a la evaluación social.
- Procrastinación estratégica. Posponer la decisión para aliviar la ansiedad a corto plazo.
Qué podemos hacer para dejar atrás la indecisión
- Legitimar nuestro derecho a decidir y también a equivocarnos. No somos seres infalibles. Podemos acertar o equivocarnos.
- Ser consciente de lo que nos inquieta realmente. Quizás no sea la indecisión en sí, sino lo que supone tomar una decisión, como el hecho de tener que dar explicaciones.
- Aceptar que nuestras decisiones pueden afectar a otras personas.
- Aumentar la información de la que disponemos para tomar la decisión. Esto puede ayudarnos a decidirnos.
- Ampliar la perspectiva. Si nos estamos centrando en pocas alternativas.
- Ser sinceros/as con nosotros mismos/as. Determinar lo que deseamos de verdad.
- Atreverse a salir de la “zona de confort”, siendo esta en la que nos sentimos más cómodos y en la que podemos decidir con mayor rapidez.
Estrategias eficaces para gestionar la indecisión
La indecisión no se vence encontrando certezas absolutas, sino reduciendo el coste de decidir (criterios claros, límites de análisis) y aumentando la tolerancia a la incertidumbre.
El ciclo que ayuda a tomar buenas decisiones es el siguiente: Decide, aprende, ajusta.
Algunas estrategias pueden ser las siguientes:
- Define el criterio de suficientemente bueno. Fija unos imprescindibles y cuando una opción los cumpla, decide.
- Establece un límite de fuentes. Evita el bucle infinito de investigación.
- Regla 10/10/10. Piensa cómo te sentirás con esta decisión dentro de 10 días, 10 meses y 10 años.
- Imagina que la decisión ha salido mal. Plantéate los riesgos y cómo puedes mitigarlos.
- Exposición graduada en la incertidumbre. Entrena con pequeñas decisiones diarias.
- Matriz valor-impacto. Puntúa cada opción. Decidir desde valores reduce el pensamiento.
- Reduce opciones activamente. Limita a un máximo de tres alternativas.
- Higiene decisoria. Decide los asuntos importantes después de descansar.
- Diario de decisiones. Haz un registro con las decisiones tomadas. Apunta por qué decidiste así, qué esperas y cómo fue.
- Pide contraste, no permiso. Consulta a alguien que entienda tu contexto, pero evita depender de otras personas.
Conclusión
La indecisión puede paralizarnos y no nos permite avanzar en nuestra vida.
Toda decisión trae consigo unas consecuencias, pero no decidir también es, en el fondo, una decisión.
Y tú, ¿qué piensas?
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«Algunos libros son inmerecidamente olvidados; ninguno es inmerecidamente recordado».
Wystan Hugh Auden (1907-1973). Poeta y ensayista británico, nacionalizado estadounidense.












